Hoy quiero hablarles de uno de los personajes más interesantes de la historia de España: don Ramón Pelayo y de la Torriente, I Marqués de Valdecilla: un indiano cántabro hecho a sí mismo que pasó de ser uno de tantos humildes ttabajadores del rural español a convertirse en una de las mayores fortunas de aquella España a caballo entre los siglos XIX y XX, donde los pobres eran muy pobres y los ricos tan ricos.
Pero Valdecilla tenía una característica, y era que no se olvidaba de dónde venía, y al volver a España tras su estancia en Cuba, destacó por la ayuda que proporcionó a los tantos necesitados que había en su país de origen, encuadrándose en ese término que hoy llamamos “filántropo”.
Probablemente les suene su título, Marqués de Valdecilla, por dar nombre al gran hospital de Santander que él mismo financió, y que se convirtió en su momento en uno de los primeros de España en atender a la gente sin tener en cuenta su clase social, siendo aún hoy en día uno de los más modernos y conocidos del país e, incluso, del mundo.
Pasemos a la historia.
| Cantabria en el mapa de España |
Tenemos que dirigirnos a Cantabria, una pequeña región del norte de España, en la que las altas y agrestes montañas de la cordillera miran frente a frente al crudo y bravo mar, separadas de este por bucólicos valles, destellantes riachuelos y pintorescos pueblos que, como prueban las Cuevas de Altamira, han sido habitados desde hace miles y miles de años.
| Valdecilla, su pueblo natal |
Nuestro escenario será uno de estos montañosos pueblos, llamado Valdecilla. Localizado en la parte centro-oriental de la región, a unos 15 km de la capital santanderina, allí fue donde nació el día 24 de octubre de 1850 un niño llamado Ramón Pelayo y de la Torriente, hijo de Ramón y Manuela.
| Valdecilla en el mapa |
Aunque sus padres eran comerciantes, su posición social era modesta, y en la España de aquella época, en la que en el otrora universal Imperio empezaba a ponerse el Sol, pocas opciones había para un chico de familia modesta para medrar que viajar a Indias, así que ese fue el camino que tomó nuestro protagonista.
| El joven Ramón |
Al cumplir los 14 años y terminar la educación básica, partió hacia Cuba, y allí se estableció trabajando en el negocio de unos parientes que le ayudaron. Ya desde esta primera etapa empezó a demostrar grandes dotes para los negocios. Sin embargo, en 1871, entró en el Primer Batallón de Cazadores de Matanzas, en un momento en el que Cuba estaba en una constante sublevación, previa a la posterior independencia. Durante esta época, don Ramón desarrolló un vínculo aún mayor con la metrópoli, pues la lucha por los intereses de España en Cuba se convertiría en uno de sus principales objetivos para el resto de su vida.
Ya durante esta época, se introduce en una compañía de construcción de carros de combate, que es salvada por él de la quiebra a la que se veía abocada, convirtiéndose incluso en socio de la misma. Con los beneficios que aquí obtuvo, montó su primer negocio propio, adquiriendo un pequeño comercio (abarrote) en Matanzas, al norte de la isla.
| Cuba en la época |
Continuando con su labor empresarial, se dirigió a los Estados Unidos, más particularmente a Nueva York, que en ese momento se había convertido en el centro de la Revolución Industrial. Fue allí donde se casó en 1889 con doña María Teresa Piedra y Pérez-Abreu, hija del socio de un ingenio cubano que formaba parte de la Sugar Company de Nueva York. Con esto, se introdujo en el mundo de los ingenios.
| Ingenio en la Cuba de la época |
Los ingenios, me gustaría aclararlo, eran las grandes plantaciones de caña de azúcar que había en Cuba y en otros países americanos, donde gracias a la maquinaria que allí tenían, se obtenía desde el propio azúcar hasta ron y tejidos.
Volviendo a nuestro protagonista, en 1892 adquirió por sí un ingenio llamado Rosario en las cercanías de Aguacate, próximo a Matanzas. Aquí fue donde empezó su gran fortuna. Gracias a su magnífica visión empresarial, modernizó tecnológicamente el ingenio y contó con un ferrocarril propio para el transporte de su mercancía, llegando a tener unos 8.000 asalariados y fundando la gran Rosario Sugar Company, al estilo de las compañías que había visto en su etapa norteamericana.
| El ingenio del futuro marqués |
Con esta gran fortuna, don Ramón no se quedó así, y viendo las malas condiciones que tenían los trabajadores de los ingenios, y sin perder de vista sus humildes orígenes, se dedicó a fundar viviendas decentes para sus obreros y escuelas para los hijos de estos, ya que la mayoría eran analfabetos por desgracia.
| El hundimiento del Maine, precipitante de la independencia cubana |
Cuando estalló definitivamente la Guerra de Independencia cubana, ya convertido en un poderoso señor, se convirtió en uno de los mayores benefactores del ejército español, acogiendo a los soldados y proveyéndolos de comida y ayuda. De todos modos, como es bien sabido, España perdió Cuba en 1898, y allí acabó la guerra. Sin embargo, como nuestro protagonista estaba establecido en Cuba y casado con una cubana, permaneció con sus negocios en la isla, pero acabaría regresando a España.
Una vez en España, ya con una fortuna inmensa y con 50 años, vio como la tierra en la que había nacido se encontraba aún muy atrasada, con lo que se propuso, al no tener hijos, destinar parte de su fortuna a ayudar al prójimo. Por ejemplo, en su localidad natal, Valdecilla, financió la construcción de la Iglesia, del juzgado y del ayuntamiento.
| Palacio de Magdalena |
Una de sus más conocidas donaciones fueron las 110.000 pesetas que dio para la construcción del Palacio de la Magdalena (su donación fue casi la sexta parte de lo que costó), el Palacio en el que la Familia Real se instaló en Santander durante sus vacaciones.
También durante esta época fue famosa la donación de un millón de pesetas para la renovación de la Universidad Central de Madrid, germen de la actual Universidad Complutense.
| Alfonso XIII y su familia pasaban frecuentes periodos de tiempo en la Magdalena |
Por estas donaciones y por su colaboración con la monarquía, le fue otorgado por Alfonso XIII en 1916 el título de Marqués de Valdecilla, en honor a su localidad natal.
| Fotografía de la época de la gripe española. Como ven, ya se usaban mascarillas |
Sin embargo, su gran obra llegaría cuando ya era marqués. Tras la fatídica epidemia de la gripe “española” de 1918, y viendo cómo había fallecido tanta gente en Cantabria (sobre todo gente pobre) por el mal estado de la sanidad de la época, decidió financiar él personal y totalmente un hospital público avanzado y revolucionario, en el que se atendiera por igual a la gente sin atender a la clase social a la que perteneciera (no sin levantar las suspicacias de la burguesía santanderina).
| La casa de Salud de Valdecilla |
Se creó, así pues, la Casa de Salud de Valdecilla, germen del actual Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, sin duda, uno de los mejores hospitales de España. Donó para este proyecto unos 16 millones de pesetas, una cifra sin parangón en la época, por lo que for fue otorgado por el Rey la calidad de Grande de España, la más alta distinción de nobleza del Reino.
| El actual hospital universitario Marqués de Valdecilla |
Poco después de la inauguración del hospital en 1929, la monarquía cayó en España (14 de abril de 1931), y el marqués empezó a financiar campañas que buscaban la restauración de la monarquía frente a la República.
| El marqués de Valdecilla |
El marqués fallecería en su Valdecilla el 26 de marzo de 1932, a los 81 años de edad. Falleció donde había nacido, con el cariño de esa Cantabria que le había visto nacer como un modesto hijo de comerciantes y que ahora, tantos años después, lo despedía como un poderoso millonario que, lejos de especular y aprovecharse de su fortuna, la destinó a mejorar la vida de sus paisanos. Al no tener hijos, fue sucedido en sus títulos por su sobrina, María Luisa Gómez y Pelayo, marquesa de Pelayo.
| Su heredera y sobrina , la marquesa de Pelayo |
Espero que les haya gustado. Ya saben que me reservo los deseos de autor del texto, no así de las imágenes, ajenas a mí, cuya propiedad reconozco a sus respectivos dueños.
Santiago Ogando Pérez.

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