Tal día como hoy hace 506 años, el 18 de febrero de 1516, nacía en Londres la futura reina María I de Inglaterra, María Tudor, hija mayor de Enrique VIII con su primera esposa (de las seis que tuvo) Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos y esposa del Rey Felipe II.
| Su escudo como reina de Inglaterra y de la Monarquía Hispánica tenía como lema “La verdad es hija del tiempo” |
Durante siglos, ha sido recordado como una feroz Reina sanguinaria a causa de su oposición y represión a la Reforma Anglicana (con menos de 300 ejecutados, bastantes menos muertos a sus espaldas que muchos otros reyes ingleses), así como una Reina loca. En una época en la que tanto se habla de la salud mental, no podemos olvidarnos de ella, la primera reina por derecho propio de la Historia de Inglaterra.
| María y su esposo, Felipe II |
Es necesario sacar a la luz a la María Tudor fuera de los estereotipos exagerados por sus enemigos, que ocultaban a una mujer física y psicológicamente enferma y maltratada, repudiada junto a su madre por su padre, declarada ilegítima y apartada durante décadas de la sucesión al trono, que alcanzó tras la muerte sin sucesión de su hermano pequeño. Casada con Felipe II, sufrió varios embarazos psicológicos que contribuyeron aún más a declararla históricamente, por desgracia, como una Loca.
| María Tudor joven |
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Pasemos a la historia.
| El palacio de Placentia de Greenwich |
María Tudor nació en el año 1516 en el palacio de Placentia, Londres, siendo la hija mayor del Rey Enrique VIII de Inglaterra y de su primera esposa, la Reina Catalina de Aragón y Castilla.
| Sus padres |
Su nacimiento fue agridulce para la familia, pues aunque era una alegría que naciera viva tras cuatro embarazos frustrados de la Reina, su condición femenina causó cierta decepción en la corte. A pesar de todo, el Rey declaró estar muy feliz porque tanto la madre como la hija estuvieran sanas, aunque hubiera preferido que fuera varón.
Y es que, al momento de su nacimiento, la dinastía a la que ella pertenecía (Tudor) todavía no estaba totalmente asentada en el trono. Habían pasado 30 años desde que su abuelo Enrique VII había puesto fin a la Guerra de las Dos Rosas, pero la levantisca nobleza y la sombra de una rebelión de algún descendiente de los Plantagenet planeaba aún sobre el trono de San Eduardo.
| La rosa Tudor, símbolo de su dinastía, surge de la fusión de las dos rosas |
Hay que decir que los Tudor eran, por así decirlo, representantes de las dos Rosas (Lancaster y York), pues al ser Enrique VII pariente de los Lancaster como miembro menor de la casa, su esposa era Isabel de York, siendo su hijo Enrique VIII descendiente de las dos ramas enfrentadas de los Plantagenet, reinantes en Inglaterra desde el siglo XII.
| Los Reyes católicos y sus hijos |
Con respecto a su madre, Catalina de Aragón, era la hija pequeña de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, los Reyes Católicos. Estos, artífices de la unión dinástica entre los reinos hispánicos, buscaron crear alianzas con otros países europeos mediante los matrimonios de sus hijos, casando a dos de sus hijas (Isabel y María) con infantes y reyes portugueses, a su hija Juana (futura reina) y el heredero Juan con Felipe el Hermoso y su hermana Margarita, príncipes austriacos, respectivamente; y a la pequeña, Catalina, para establecer una alianza con Inglaterra y aislar a la enemiga Francia.
| Catalina de Aragón |
Como una pequeña curiosidad (cuya importancia veremos después), Catalina fue primero casada con el hermano mayor del futuro Enrique VIII, llamado Arturo, el Príncipe de Gales, en 1501, pero su prematura muerte en 1502 truncó sus expectativas. Sin embargo, manteniendo el compromiso diplomático, se casaría poco después con su hermano menor, el duque de York, que en 1509 se convertiría en Enrique VIII.
| Arturo Tudor |
La pequeña María recibió una educación ejemplar en los conocimientos de la época, aprendiendo música (tocaba a la perfección el virginal, una especie de clavecín) y hablaba, además del inglés, el latín, el español, el francés y el griego. María empezó a representar a la corona a los 9 años, siendo enviada a Gales como representante de su padre, presidiendo el consejo y ejerciendo como una princesa de Gales nominal.
| La joven María Tudor |
Según las crónicas, de joven era hermosa, de tez rubicunda como su padre y cabello rojizo, y con los ojos muy claros. Muy fuerte y muy viva, compartía facciones con sus dos padres. Sin embargo, y como luego veremos, esta vivacidad se tornaría en desdicha y fragilidad a lo largo de los años, causada por los múltiples desdenes y escarnios a los que se vio sometida.
| Carlos I y su esposa Isabel de Portugal |
Durante su infancia, se intentaron planear varios matrimonios para María. El más famoso de esos intentos fue con su primo Carlos I, que había sido muy favorecido por su madre, pero al final este se acabó casando con otra de sus primas carnales, Isabel de Portugal. Hay que tener en cuenta que, mientras Carlos tenía 22 años, María tenía solo 6. Otros intentos matrimoniales de esta época fueron el Delfín de Francia Francisco de Valois y, a la muerte de este, el rey Francisco I, pero ninguno de estos llegó a buen puerto.
| El Delfín Francisco |
Hay que decir que el matrimonio de Enrique y Catalina fue al principio bastante feliz, y mantenían la esperanza de tener un hijo varón que, en palabras del rey, mantuviera fuerte la dinastía. «Los dos somos jóvenes, esta vez fue una hija, seguiremos luego con los hijos por la gracia de Dios».
| La rotura del matrimonio de sus padres fue gravísima para María |
El problema fue que esos hijos por la gracia de Dios no llegaron, y Enrique empezó a desesperarse. Tras más de dos décadas de matrimonio, el Rey pidió al Papa la nulidad de su matrimonio con Catalina, pero este se la negó por la influencia del Emperador Carlos. Enrique VIII había esgrimido como motivo que antes de haberse casado con él, Catalina había estado casada con su hermano mayor, Arturo Tudor, y alegó que, según la Biblia, era algo inmundo. Una triste manera de decir, tras tantos años de matrimonio, que la dejaba por no tener hijos varones.
| Thomas Cranmer, del que luego hablaremos, fue crucial en la anulación del matrimonio |
Como el Papa no le dio la nulidad, Enrique VIII se casó con su amante embarazada, Ana Bolena titulándose jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, desconociendo la autoridad del Papa y declarando nulo su matrimonio con Catalina, titulándola a partir de ahí “Princesa Viuda de Gales” por su matrimonio con su hermano Arturo, y por ende, declarando hija ilegítima (bastarda) a María.
| Ana Bolena, la segunda |
A partir de entonces, María perdió todas sus prebendas y estatus, convirtiéndose simplemente en “Lady Mary”, y empezó a enfermar: tenía reglas irregulares y abundantes, anemias, depresiones… y, además, se veía privada de la ayuda económica que antes tenía, ignorada por su padre y la corte. Esta época causó una mella muy grave en la salud física y mental de María para el resto de su vida.
| Enrique VIII |
María no reconoció a Ana Bolena como reina ni a su medio hermana Isabel como princesa, pues consideraba que eran títulos que le pertenecían a su madre y a ella misma. Madre a la que, por cierto, no dejaron ver nunca más a María, negándole incluso a la pobre María acompañar a Catalina en su enfermedad, falleciendo está en 1536 a los 51 años de cáncer. María quedaría marcada para siempre por no poder despedirse de su madre.
| Su hermana Isabel |
Pero como la historia es raro que no se repita, también Ana Bolena cayó en desgracia ante el rey, presuntamente por haber conspirado contra él, pero la verdad es que ella tampoco llegó a concebir heredero varón, teniendo solo una hija, Isabel (futura Isabel I de Inglaterra, la Reina Virgen), que con la ejecución de su madre, se colocó en la misma desdichada posición que su medio hermana mayor.
| Juana Seymour, la tercera |
Poco después de la decapitación de la Bolena, el rey se volvió a casar, esta vez con Jane Seymour, con quien tendría su ansiado hijo varón, el futuro Eduardo VI. Sin embargo, la nueva Reina murió en el parto.
| Eduardo VI |
La Reina Jane había intentado reconciliar a Enrique VIII con sus hijas, pero no lo llegó a conseguir. Una de las condiciones que el Rey le exigía a María era renunciar a la obediencia al Papa y reconocer al rey como jefe de su Iglesia, pero ella dijo que, para ella, lo más importante era Dios. Sin embargo, acabaron llegando a un acuerdo un tiempo después de la muerte de la Reina, recuperando su casa y su posición en la corte, pero manteniéndose oficialmente como hija ilegítima.
| Ana de Cleveris, la cuarta |
En los siguientes años, cuidaría de su hermano y se le intentarían endosar nuevos compromisos matrimoniales: el duque de Cléveris fue uno de los intentos, pero el compromiso volvió a cancelarse. Sin embargo, su hermana Ana de Cleveris fue casada con su padre el Rey, convirtiéndose en su cuarta esposa (aunque en realidad, este la rechazó porque no le gustaba).
| Catalina Howard, la quinta |
El rey aún tendría dos esposas más: Catalina Howard y Catalina de Parr. A la primera, el rey la ejecutó por infiel. Sin embargo, la Segunda fue la que consiguió la definitiva reconciliación del rey con sus hijas pequeñas. Así, en 1544 las princesas María e Isabel fueron reconocidas en la sucesión al trono detrás de su hermano aunque, oficialmente, repito que seguían siendo hijas ilegítimas ante la iglesia de Inglaterra (ante la Iglesia Romana y la mayoría de Europa, la única hija legítima era María).
| Catalina Parr, la sexta |
En 1547 falleció Enrique VIII, siendo sucedido por su hijo Eduardo VI (que tenía solo 9 años), el cual tenía bastante buena relación con su hermana María. Sin embargo, su fe católica les hizo distanciarse (Eduardo había sido educado como un fervoroso protestante, influido primero por su tío, Edward Seymour, y después por su mentor John Dudley), así que la situación se llegó a tensar tanto que María estuvo a punto de huir del país ayudada por su primo Carlos I.
| El rey Eduardo |
Sin embargo, en 1553 la situación cambió por completo, y el joven rey Eduardo falleció a principios de julio. Dudley, temeroso de María, decidió nombrar Reina a una sobrina nieta del rey Enrique, lady Jane Grey (su madre, Frances Brandon, era hija de María Tudor, hermana del rey y en honor de quien se llamó nuestra protagonista), quien era también protestante y, sobre todo, su nuera. Aunque esto contravenía la Ley de Sucesión de 1544, se cree que fue el quien consiguió que Eduardo VI eliminara a sus dos hermanas de la sucesión al trono en su testamento).
| María camino de Londres |
Teniendo esto presente, María se dirigió a Anglia Oriental, una región inglesa en la que tenia grandes propiedades y, apoyada en los católicos y los campesinos, marchó hacia Londres para ser coronada Reina y, tras una marcha triunfal hacia la capital, entró en ella entre vítores e hizo ejecutar a Dudley, restituyendo a los nobles católicos y deponiendo del trono a su prima Jane Grey. En todo momento iba acompañada de su media hermana Isabel.
| La coronación de María |
El día 1 de octubre de 1553 fue coronada Reina de Inglaterra en la Abadía de Westminster, siendo la primera mujer en ocupar el Trono de San Eduardo por derecho propio, adecuando el ceremonial y casi convirtiéndolo en una celebración popular.
| María y su padre |
Uno de los primeros problemas que se le presentó a la nueva Reina María fue la sucesión. Tenía ya 37 años y ni se había casado ni tenido hijos, así que empezó a buscar un pretendiente. Aunque los lores ingleses querían que se casase con un súbdito de la corona, ella eligió como esposo, bajo el consejo del Emperador, a Felipe el príncipe de Asturias, futuro Rey Felipe II de España, quien era su sobrino Segundo, al descender de los Reyes Católicos.
| Felipe y María |
Al contrario de estos, que eran cada uno soberano de su reino, Felipe se convirtió en rey de Inglaterra al mismo estatus que su mujer (Jure uxoris), reinando como “Los reyes Felipe y María”. Pese a todo, las condiciones del tratado matrimonial fueron muy estrictas, no pudiendo nombrar consejeros extranjeros, participar los ingleses en guerras alemanas o españolas ni tomar decisiones sin el consentimiento de su esposa.
| El escudo partido de ambos monarcas |
Felipe fue nombrado rey de Nápoles y de Jerusalén para estar al mismo nivel que su esposa y, con su cariño y respeto, consiguió enamorar a María, quien en sus cartas a su Primo el Emperador le reconocía el gran acierto que había sido la boda, que tuvo lugar el 25 de julio de 1554.
Precisamente en ese mes de septiembre, la Reina empezó a engordar, sentir náuseas y a dejar de menstruar, por lo que se anunció que estaba embarazada. Su alegría era tan grande que incluso liberó a su hermana Isabel del arresto profiláctico en que la tenía. Se creó una ley sobre una posible regencia de Felipe sobre su hijo por si moría la Reina en el parto, se anunció a los embajadores de Europa y se celebraron misas de acción de gracias por toda Inglaterra.
| Su esposo, Felipe II |
Si falta fue en septiembre, se esperaba que el nacimiento sucediera en abril. Sin embargo, los meses pasaban, la tripa de la Reina crecía y el parto no llegaba. Pasó abril, pasó mayo, pasó junio y llegó julio. La Reina se deshinchó, y se convirtió en el hazmerreír de toda Europa, una Europa que, lógicamente, no tenía la concepción que tenemos ahora de los problemas mentales y que, por desgracia, se burló del embarazo psicológico de la Reina de Inglaterra.
| El Imperio Español en la época |
Después del falso parto, Felipe marchó a la guerra al continente, y María cayó en una gran depresión, pensando que no había tenido hijos por haber permitido que en su reino permaneciera viva la herejía protestante.
Ya desde el inicio de su reinado había intentado conseguir la conversión (o reconversión) de Inglaterra al Catolicismo, pero su “embarazo” fue la gota que colmó el vaso. Consiguió, con el apoyo de su esposo y del Papa, la revocación del parlamento de las leyes religiosas de su padre y su hermano y, con esto, que el Catolicismo fuese la religión oficial en Inglaterra otra vez.
| Persecuciones de María |
Rescatando las leyes de herejía que habían estado vigentes en la Edad Media, María, que continuaba enferma de depresión, ordenó el exilio o la ejecución de los protestantes que no abjuraran la Fe anglicana. 283 fueron ejecutados, y alrededor de 800 marcharon al exilio. Estas ejecuciones aumentaron mucho el sentimiento anticatólico y antiespañol de Inglaterra.
| Su hermana, la anglicana Isabel |
La verdad es que María estaba en una situación muy complicada: su esposo estaba algo distanciada de ella por el embarazo, su hermana Isabel se mantenía fiel al protestantismo, su prima María Estuardo, Reina de los Escoceses, estaba casada con el Delfín de Francia y amenazaba los estados matrimoniales, y con las ejecuciones se hacía todavía más impopular. Todo esto continuó haciendo mella en su salud mental y física, que se fue deteriorando cada vez más rápidamente.
| La ejecución de Cranmer |
Durante su reinado, se promovió la colonización de Irlanda (de la que María era también reina) y se intentó sanear un poco la economía, maltrecha desde el reinado de su hermano, pero las (en principio) provechosas capitulaciones matrimoniales que separaban la monarquía hispánica de Inglaterra impidieron que las islas se lucraran del comercio de Indias. Esto, sumado a las malas cosechas, llevó a Inglaterra a un periodo de oscuridad económica. Tuvo un gran apoyo de Reginald Pole, hijo de su institutriz, a quien nombró Arzobispo de Canterbury tras ejecutar a Cranmer, partícipe en el divorcio de sus padres.
| Reginald Pole |
Cuando en 1556 Carlos I abdicó y se retiró a Yuste, fue sucedido por su hijo Felipe, rey de Inglaterra, como Felipe II. Desde entonces, el matrimonio se volvió a reunir en pocas ocasiones para desgracia de María, y la mayoría de estas veces que se reunían era por cuestiones políticas, como una guerra con Francia o las relaciones con Roma.
| La colonización de Irlanda |
Tras la última visita en 1557, María volvió a sufrir un embarazo psicológico del que no se recuperaría. Dañada por la pena que le causaba su baja popularidad, su salud empezó a caer en picado, llegando a su punto álgido en verano de 1558, cuando se volvió a demostrar que su embarazo no era real. A principios de noviembre reconoció como heredera a su hermana Isabel y, finalmente, falleció el 17 de noviembre a los 42 años, posiblemente de cáncer de útero (y agudización por una gripe).
| La decrépita María |
Fue sucedida por su media hermana Isabel I, la llamada Reina Virgen (que fue pretendida por su cuñado Felipe II, su posterior enemigo acérrimo), que revocó sus medidas católicas y restableció el protestantismo. Pese a sus rencillas, a la muerte de Isabel medio siglo después, serían enterradas juntas.
| Las tumbas: Compañeras en el trono y en la muerte |
El reinado de María Tudor, tan castigado por la historiografía tradicional, debe ser revisado desde un punto de vista más humanista o, por qué no decirlo, humano. Su grácil salud física, el maltrato al que fue sometida en su infancia y juventud así como sus desgracias vitales fueron el germen de su desdichada salud mental y de su duro reinado que, como suele suceder en casos así, dejaron una triste impronta en la historia escrita por los anglicanos.
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Espero que les haya gustado. Les recuerdo que me reservo los derechos de autor del texto, no así de las imágenes, ajenas a mí, cuya propiedad reconozco a sus respectivos dueños.
Santiago Ogando Pérez.
Buena y clara narración. Gracias por compartir.
ResponderEliminarEs curioso que Enrique recurriera a la nulidad alegando (VEINTE AÑOS después) el matrimonio de Catalina y Arturo. El Antiguo Testamento establece que, si un hombre muere sin descendencia, su hermano se case con la viuda y suscite descendencia para el difunto. Ese puede haber sido un motivo para que el Papa le negara la nulidad, además de la obvia extemporaneidad del pedido.
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