Hoy empieza el mes de diciembre, el último del año. Un mes marcado, sin lugar a dudas, por la Navidad y sus demás celebraciones asociadas. Estas fiestas, aunque de origen claramente religioso, han ido evolucionando a lo largo de la historia y las culturas: hoy en día, los Reyes Magos y los belenes conviven entrañablemente con otras decoraciones y motivos que se han ido añadiendo poco a poco a la fiesta, como Papá Noel, los villancicos o, sin ir más lejos, el propio árbol de Navidad.
Precisamente, del árbol de navidad les quiero hablar hoy. Esta tradición, aunque de origen pagano-Germánica, fue adoptada como costumbre por las iglesias nórdicas y orientales, destacando los países escandinavos y Rusia. De allí lo trajo, en 1870, una princesa rusa, bastarda del zar y sobrina de Napoleón que, al casarse en segundas nupcias con el tutor de Alfonso XII, importó esta y otras muchas interesantes costumbres cosmopolitas a nuestro país.
| San Bonifacio y el origen del árbol de navidad |
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Pasemos, pues, a la historia.
| Frey, Dios nórdico de la fertilidad y el sol |
Como les decía, el árbol de navidad tiene un origen en las religiones nórdicas precristianas, que utilizaban un árbol para celebrar el nacimiento de Frey que, para ellos, era el dios de la vida, del sol y de la fertilidad.
| Yggdrasil |
Este árbol simbolizaba el árbol de la vida, al que llamaban Yggdrasill. En el, estaban representados desde el Helheim (el infierno, en las raíces del árbol), el Midgard (que sería el mundo de los humanos, en el tronco) y, además de otros mundos, en la copa del árbol se encontraba el Asgard, la mirada de los dioses con su palacio, el Valhalla.
| Valhalla, la mirada de los dioses, donde tienen su palacio Odín y Thor |
Este árbol era decorado por los paganos nórdicos con diferentes motivos, pero sería San Bonifacio el que, según la tradición, le daría su toque actual.
| San Bonifacio y el árbol |
Así, este santo, patrón de los cerveceros y evangelizador de Alemania, cortó el Yggdrasill, dedicado a Thor, que era un árbol de hoja caduca, y en su lugar plantó un pino, de oka perenne, como para los Cristianos era, según las escrituras, el amor de Dios. Decidió adornarlo con manzanas, símbolo del pecado de Adán, y con velas, símbolo de la luz que Jesucristo venía a traer al mundo con su nacimiento. Desde entonces, quedó para las iglesias nórdicas como un símbolo de la salvación Cristiana.
| La fama del obispo San Nicolás, que vivió en el siglo IV, pervive hasta nuestros días por su devoción por ayudar a los niños y mujeres pobres |
Estos pueblos nórdicos, como pasó con tantas otras tradiciones (recuerden lo que hablábamos hace un mes con Todos Los Santos, o en junio con las Hogueras de San Juan), mantuvieron esta tradición, pese a su conversión, a lo largo de los siglos, añadiendo, por ejemplo, la tradición de que San Nicolás (Santa Claus o Papa Noel) pusiera los regalos debajo del árbol y otras más.
| La navidad escandinava en el siglo XIX |
En el siglo XVII, de nuevo en Alemania, se recuperaría la idea, actualizando el árbol de navidad, para amenizar y decorar estas frías y heladas Fiestas, pasando un siglo después a Rusia, Finlandia o Inglaterra, donde en 1841, reinando Victoria, se colocaría el primer árbol de Navidad del Castillo de Windsor.
| El árbol de navidad de la Reina Victoria y Alberto |
Como les adelantaba al principio, no fue hasta hace 150 años cuando una hermosa princesa rusa de la que les voy a hablar ahora, llamada Sofía Troubetzkoy, marquesa de Alcañices y Duquesa de Sesto por matrimonio, importaba desde su país de origen, Rusia, y su país de adopción, Francia, la costumbre de árbol de navidad a la España de la época.
| Princesa Sofía Troubetzkoy |
Nuestra protagonista nació en Moscú, Rusia, el 25 de marzo del año 1838, reinando en Rusia el Zar Nicolás I. En teoría, su padre era un importante militar, el príncipe Sergei Vasilievich Troubetzkoy, y su madre fue Ekaterina Petrovna Moussine-Pouchkine, quien tenía un romance con el zar, profundamente enamorado de ella. Para más inri, la gestación de Sofía coincidió con una estancia del príncipe Troubetzkoy en el Cáucaso, lo cual aumento mucho más los rumores.
| Ekaterina Troubetzkoya, su madre |
Lo cierto es que la princesa Sofía, cuyos padres, ya postizos, ya reales, fallecieron poco después de su nacimiento, fue criada en Palacio por la emperatriz viuda Carlota y el nuevo Zar, Alejandro II. Con el paso del tiempo, los rumores, Sofía, cada vez más bella y más inteligente, fue aprovechándose de los rumores que la hacían posible hija del zar, codeándose con lo más alto de la sociedad europea de la época.
| Nicolás I de Rusia |
Precisamente en la corte conocería al que sería su primer marido, Charles-Auguste, duque de Morny, que era el embajador del imperio francés ante el zar. Aunque podría parecer un simple duque, este tenía una familia y una ascendencia muy peculiar.
| Carlos de Morny |
El duque Carlos de Morny era hermano uterino del emperador de los franceses, Napoleón III, pues su madre, Hortensia de Beauharnais (hija de la Emperatriz Josefina, esposa del primer Napoleón) tuvo este hijo con su amante el Conde de Flahaut que, para más inri, era hijo del inigualable obispo-canciller Talleyrand-Périgord. Una ascendencia a la altura de la posible bastarda del zar.
| Hortensia de Beauharnais, madre del Morny y de Napoleón III |
Con el duque de Morny tendría Sofía cuatro hijos: Marie-Eugenie, condesa de la Corzana; Auguste, sucesor de su padre en el título; Serge, que se dedicó a la carrera militar y falleció soltero; y Mathilde, marquesa de Belbeuf, que tras su divorcio se reconoció homosexual, viviendo con grandes figuras de la época como la escritora Colette o la bailarina Liane de Pougy, de fama igualable a la de la Bella Otero.
| Carlos y Sofía de Morny |
Sofia estaba muy enamorada de su marido, y la acompañó en sus diferentes destinos, primero en St. Petersburgo y después en París, donde llevó una vida al estilo de la alta sociedad de la época del segundo Imperio. Era un icono del momento, y era famosa por algunos de sus gustos curiosos, como los pájaros exóticos, los monos o su pasión por la cultura japonesa.
| Mausoleo del duque de Morny |
Solo la hizo parar esta vida de frenesí la muerte precoz de su marido, a quien ella amaba profundamente, en 1865. Sin embargo, tras un tiempo de férreo luto, descubrió unas cartas de su marido con una amante, con lo que decidió volver a su vida de lujo.
| Deauville, Normandía |
En 1868 conocería en Francia a un noble español 13 años mayor que ella llamado Pepe Osorio (don José Osorio y Silva), duque de Sesto, quien se hallaba en el país, en la localidad de Deauville (Normandía, al NO de Francia), acompañando a la familia real recién exiliada. Se cayeron en gracia y decidieron casarse en Vitoria, Álava, el 21 de marzo de 1869. Con esto, Sofía se convertiría en Duquesa de Sesto y Marquesa de Alcañices.
| El duque de Sesto |
Su nuevo marido era el mayor defensor y tutor del entonces príncipe de Asturias, futuro Alfonso XII, y en su restauración se gastaría buena parte de la fortuna familiar.
| Palacio de Alcañices |
Con la llegada de Sofía, el palacio de Alcañices se convirtió en el centro social del Madrid de la época, organizando fiestas y reuniones con las grandes señores de la época. Precisamente, en 1870, al año de casados, celebró una fiesta en su palacio de Alcañices donde mostró a la sociedad de la época el primer árbol de navidad de España, que con su influencia político-social, convirtió en costumbre en Madrid y el país entero, primero en las clases altas y luego en el resto.
Poco después, con la llegada a España de Amadeo de Saboya, se haría célebre Sofía por la llamada rebelión de las Mantillas, donde las señoras de Madrid, encabezadas por ella, hicieron un boycott social a la nueva Reina, María Vittoria dal Pozzo.
| María Vittoria dal Pozzo |
Con la Restauración, su marido y ella se convirtieron en dos de los mejores apoyos del nuevo rey Alfonso XII, a quien ayudaron en lo que pudieron. No sería tan buena la relación con la Reina María Cristina, sobre todo desde su viudez, quien le echaba la culpa al duque de Sesto de las juergas de su marido.
| Los duques de Sesto, marqueses de Alcañices |
Así, dedicó los últimos años de su vida a viajar por Europa visitando a conocidos y parientes, falleciendo en París el 27 de julio de 1898, siendo enterrada cerca de su primer marido. Con ella, moría la esencia del siglo XIX, ese que había empezado con el absolutismo (como ella en Rusia) y terminado con la Belle Époque parisina y que, igual que su vida, se fue extendiendo poco a poco al resto de países, como España.
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Santiago Ogando Pérez.
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