Estos últimos días, Japón, el Imperio del Sol Naciente, se ha convertido en el centro de la crónica histórica (y social) de todo el mundo. Y es que ha tenido lugar un acontecimiento importantísimo en la milenaria Familia imperial Japonesa, siempre rodeada de ese halo de misterio casi sacro por el que, tanto para los propios ciudadanos de Japón como para los que lo vemos desde los lejanos ojos de Occidente, se ha visto siempre rodeado el Trono del Crisantemo.
| Los dos esposos: la ex princesa Mako y Kei Komuro. Debido a lo establecido en la constitución japonesa, ella es ahora simplemente la “Señora de Kei Komuro” |
Y es que ayer a la mañana se ha casado en Tokyo, Japón, la princesa imperial Mako, hija del príncipe heredero Fumihito (principe Akishino), con el abogado Kei Komuro. Al no ser un matrimonio dinástico, la Princesa ha dejado de serlo y, en una situación sin precedentes en la historia japonesa, ha renunciado a su millonaria dote que le ayudaría a mantener el tren de vida imperial, para no causar más gastos al erario.
| El trono del Crisantemo, símbolo del Imperio de Japón |
Hoy, pues, aprovechando la ocasión, quiero arrojar un poco de luz al misterioso Imperio de Japón, hablándoles de esta dinastía que se remonta, legendariamente, a los antiguos dioses japoneses y que, según la tradición, lleva más de 26 siglos reinando sobre Japón, así como brevemente de la historia y curiosidades del país.
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Pasemos, pues, a la historia.
En primer lugar, quiero hablarles brevemente del exótico Japón. Es un país formando por una serie de islas situadas frente al mar de Corea, que lo separa de China y de la península homónima. Además de las 4 islas principales (Hokkaido, Honshu, Shikoku y Kyushu), destacan pequeñas islas como Okinawa.
El país es hoy en día uno de los más avanzados del mundo, que destaca por su industria tecnológica y su apertura a occidente sin dejar de lado sus ancestrales tradiciones y su legendaria filosofía oriental, con una agitada historia de la que hoy nos ocuparemos.
| El actual emperador, Naruhito, en su entronización hace 2 años |
Japón es una monarquía constitucional, y el actual Emperador se llama Naruhito, tío de la princesa Mako que ayer se ha casado. En Japón rige la ley sálica, por lo que las mujeres no pueden heredar el trono. Como Naruhito tiene solo una hija, la princesa Aiko, el príncipe heredero es su hermano Fumihito, padre de Mako y del único heredero varón de la familia imperial, el príncipe Hisahito, definitiva esperanza de la dinastía del crisantemo.
Antes de empezar con la historia, aclararles que, aunque el término que usamos desde occidente para referirnos al monarca japonés es Emperador, no es una traducción demasiado adecuada.
| El crisantemo es el símbolo oficial del emperador |
Pensemos que emperador viene de Imperium, de la época Romana, y significaba tener el poder, dominar. Esto está muy lejos de lo que significa el Tennō, que es como se dice en japonés.
| Poco o nada tenía que ver el imperium del que gozaba Augusto y los otros emperadores occidentales con el de Japón |
Al contrario que en las monarquías de occidente, donde el rey o reina es el Jefe del Estado, en Japón es “simplemente” el símbolo del estado y de su unidad, con un carácter meramente ceremonial y religioso, como descendiente de los dioses.
| Kokyo, el palacio imperial de Tokyo |
Tanto es así que, a modo de anécdota, les diré que cuando en el siglo XVI llegaron los primeros exploradores europeos, en este caso portugueses, hicieron una analogía entre el Shōgun (especie de valido militar) con el Rey, y el Tennō (emperador) con el Papa, por ser su poder ceremonial y espiritual (obviando el poder terrenal del papa en sus estados pontificios.
| MutsuHito, el restaurador Meiji |
El caso es que, como decía, salvando algunas épocas anteriores, el Emperador solo tuvo poder efectivo en el periodo de 1868 a 1945, cuando tres emperadores (Meiji, Taishō y Shōwa (el famoso Hirohito) sí que ejercieron el poder mediante la Restauración Meiji y la occidentalización del país, aboliendo el shogunato del que luego hablaremos.
| Jimmu, el primer emperador |
Como decía, el linaje imperial de Japón es la monarquía ininterrumpida más larga del mundo, y es que según la tradición, empezó en el año 660 a. C., con el Emperador Jimmu. Este, según la tradición legendaria, era bisnieto de la diosa del sol, Amaterasu y nieto del dios del Mar, Ryūjin, lo que le hacía tener un “estatus superior” sobre los hombres mortales.
| Amaterasu |
Aunque hubo una larga lista de emperadores que llamaremos semilegendarios, se considera que el primer emperador histórico según la documentación es el Emperador Ojin, que reinó entre los siglos IV y V d. C.. De ahí para delante, ya se puede documentar la genealogía del linaje directo de la dinastía del Crisantemo.
| El emperador Ojin, primero documentado |
Fue en esta primera época, alrededor del siglo VII, cuando los japoneses, haciendo una adaptación de la voz china “Tiandí”, empezaron a referirse al emperador como Tennō, título que sería empleado desde entonces.
| El dragón de la China imperial |
Pasaría la figura imperial los siguientes siglos por los altibajos que pasó la historia japonesa (entonces llamaban al país “Yamato”), en los que el país estaba menos centralizado pese a la figura central simbólica del emperador, que era un nexo de unión entre los diferentes señores feudales y tribales que campaban por las islas.
| Yamato |
Alrededor del año 1100 d. C., se estableció una figura clave en la historia de Japón: la del Shōgun. Este se convertía en el verdadero señor de las islas, con un poder que, en teoría, provenía directamente del emperador. En muchas ocasiones hubo guerras entre diferentes dinastías para ser shōgun, sucediendo que cada una podía tener su propio emperador (por diferentes líneas de la dinastía). Familias de shōgunes famosas fueron los Minamoto o los Tokugawa. Los shogunes vivían en Edo y los emperadores en Kyoto.
| Tokugawa Ieyasu, primer shogun de su dinastía en el siglo XVI |
| La frustrada invasión mongola de Japón fue anterior (siglo XIII) |
Japón era un país muy complicado de invadir. Ni siquiera los feroces mongoles, que llegaron poco después, fueron capaces de acabar con la independencia japonesa. Tras algunas guerras civiles, empezaría también a destacar una figura muy conocida de la historia del Japón, la de unos guerreros valientes que, delante de todo, llevaban el honor: los samurai.
| La llegada de los occidentales a Japón |
En medio de esa cultura tan tradicional, donde el budismo y el sintoísmo dominaban la esfera religiosa con centro en el Emperador, llegó al país Occidente, en plena Era de los descubrimientos: misioneros, marinos y conquistadores, sobre todo portugueses y españoles, empezaron a dejarse ver por el milenario Imperio, que ya había superado, teóricamente al menos, los dos milenios.
| Dejima, la isla artificial donde las Provincias Unidas de los Países Bajos podían comerciar con Japón sin pisar su suelo |
Pese a que hubo unos primeros años de aperturismo, Japón se cerraría por completo a Occidente durante los próximos dos siglos (hasta 1868), dejando como único “puerto franco” Nagasaki, donde solamente los holandeses podían negociar y comerciar con Japón (eso sí, sin pisar suelo japonés). Este sería el periodo Edo, pues desde ahí los shogunes controlaban el país.
| Tokugawa Yoshinobo; el último shōgun del país |
Sería en 1868 cuando, tras la llegada unos años atrás de una expedición americana y la ineficacia de los shogunes, el Emperador Mutsuhito y el resto de la nobleza dieron una suerte de Revolución en la que el shogunato se vio abolido y el emperador cambiaba la capital de Kyoto a Edo, que se renombraba como Tokyo.
| El antiguo palacio imperial de Kyoto |
Con la restauración se renovó el país, instaurándose una monarquía constitucional al uso europeodesde 1889. Al ser constitucional, el emperador pasaba del todo a la nada, adquiriendo ahora el protagonismo el parlamento (llamado Dieta), que elegía al primer ministro ratificado por el emperador, recordando a la vieja figura del shogun.
| La restauración Meiji |
Durante esta época, la era Meiji, Japón empezó a convertirse en una gran potencia del Pacífico occidental, venciendo a China y a Rusia en sendas guerras alrededor del cambio de siglo, empezando una política expansionista que llegó a su cumbre en la Segunda Guerra Mundial, cuando Hirohito, Nieto de Mutsuhito, estuvo a punto de perder el poder tras la derrota del país ante los EEUU y los aliados.
| La infernal bomba atómica |
En un país masacrado tras la guerra (recordemos las dos bombas atómicas), la nueva constitución que EEUU impuso a Japón dejaba a la familia imperial muy tocada: eliminaba las ramas de príncipes que no descendieran del padre del emperador Hirohito, obligaba a las mujeres a perder su status imperial al casarse con un plebeyo (tema que hoy tuvo lugar) y establecía una rigurosa ley sálica a la sucesión a un trono imperial que, como antes adelantaba, apenas tenía poder efectivo.
| El americano McArthur y Hirohito al terminar la guerra |
Tras un largo reinado de impresionante recuperación, Hirohito murió en 1989, sucediéndole su hijo Akihito. Este reinó hasta 2019, cuando abdicó en su hijo mayor, Naruhito, el actual emperador. Al no tener este más descendencia que su hija, Aiko, la sucesión recae en su hermano pequeño, Fumihito, principe Akishino. Y así llegamos hasta hoy.
| La regalía imperial |
Como curiosidad final, les contaré que, desde hace siglos, los emperadores son portadores, desde su coronación hasta su muerte o renuncia, de un espejo, una espada y una joya, que simbolizan el valor, la sabiduría y la benevolencia respectivamente. Estos son el símbolo, junto con el crisantemo, del Emperador, y lo es desde el momento en que los recibe tras la muerte (o abdicación del emperador). Según la leyenda, provienen del primer emperador y tienen un origen divino, siendo custodiados en los templos imperiales. Forman la regalía imperial.
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Santiago Ogando Pérez.
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