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Dos Sicilias

 


Hoy quiero hablarles de un término histórico tan curioso como es el de “Dos Sicilias”, un antiguo Reino italiano. No se asusten, pueden buscar en cualquier mapa y comprobar que todavía sigue habiendo simplemente una sola isla de Sicilia pegada a la costa de la Italia meridional. Entonces, ¿que es eso de “Dos Sicilias”?


Sicilia, esa isla al sur, está separada de la península Itálica por los 3 km del estrecho (antes llamado Faro) de Messina


Habrán oído el término, además de por haber sido un reino independiente previo a la unificación de Italia, por figuras como María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, madre de Isabel II y Regente de la España isabelina durante las Guerras Carlistas, o por ser parte del segundo “apellido” del Rey emérito Juan Carlos I (de Borbón y Borbón-Dos Sicilias).




Si prefieren, pueden leer el resumen de instagram en este enlace: https://www.instagram.com/p/CUTJLm0tTmS/?utm_medium=copy_link


En fin, pasemos a la historia.


El reino de las Dos Sicilias


Como les decía, hoy voy a hablar de las Dos Sicilias. Este reino, como tal, nació en 1816, después del Congreso de Viena, fusionando los ancestrales reinos de Nápoles y Sicilia que, durante años, habían estado ligados a la corona española. 


Fernando IV de Nápoles y III de Sicilia


El que llevó a cabo la unión fue el Rey Fernando III de Sicilia y IV de Nápoles, hijo pequeño y sucesor napolitano de Carlos III de España y, por tanto, hermano de Carlos IV. Era, así, miembro de la casa de Borbón reinante en España.


En primer lugar, ¿cómo era ese reino?


El reino de las Dos Sicilias en la Italia del S. XIX


Pues era el reino que ocupaba todo lo que había en Italia al sur de los Estados Pontificios, esto es, la parte de abajo de la “bota”, con el tacón y la punta.


Imagen de Siracusa 


Es lo que muchos años atrás había sido, en los albores de Roma, la Magna Grecia en Italia, con ciudades como Siracusa, Mileto, etc. le dan a esta región una historia antigua particular, más cercana a la cultura clásica helénica que el resto de su península.


La Bella Nápoles


Sus bellos paisajes naturales, acompañados de su larga historia y su abrumadora cultura hacen de esta región italiana, llamada también Mezzogiorno, uno de los lugares más apetecibles, si me lo permiten, de la Bella Italia.


¿Por qué el nombre de “Dos Sicilias”?




Pues verán. Para entenderlo, tenemos que retroceder hasta el siglo XI, poco después del año 1000. La isla de Sicilia, como buena parte del sur de Europa, estaba en poder de los árabes. Y si bien la presencia musulmana en el sur es un clásico, no es menos conocida la frecuencia de las invasiones de vikingos (llamados también Normandos, u hombres del norte) a los distintos territorios europeos.


Roger I, Conde de Sicilia


En la segunda mitad del siglo, varias comunidades de Normandos, cercanamente emparentados con el primer rey de la Inglaterra normanda Guillermo el Conquistador, se instalaron en el sur de Italia, destacando Roberto Guiscardo y su hermano, Roger I, de la Casa de Altavilla (Hauteville,  que conquistaron el sur de la Italia peninsular y la Isla de Sicilia, respectivamente, convirtiéndose este en Conde de Sicilia tras expulsar a los sarracenos.


Alegoría de Roger II, “coronado por Jesucristo”


Sería el hijo del anterior, Roger II, tras expulsar a bizantinos y árabes del sur de Italia, quien sería coronado por el Papa por primera vez como Rey de Sicilia, esto es Rex Siciliae, en una época en la que tenía más importancia la Sicilia insular, pues su capital era Palermo, al norte de la Isla, pero manteniéndose como un feudo de la Iglesia.


Palermo, capital de Sicilia




La cosa es que, como tenía el título de Rey de Sicilia, tenía también los títulos menores de duque de Apulia y de Calabria en la Italia peninsular pero, lógicamente, predominaba el de Rey de Sicilia. Podemos compararlo con sus parientes, los reyes de Inglaterra, quienes aunque tenían muchas posesiones en Francia (duque de Normandía, de Aquitania, conde de Anjou…) no se equiparaban al de rey, y este prevalecía.


El escudo de la casa real de Hauteville


Los siglos fueron pasando, y por alianzas familiares, el trono pasó a la casa Hohenstaufen, emperadores del Sacro Imperio. Esto causó un compromiso feudal, pues si bien el rey de Sicilia era emperador, debía jurar vasallaje al Papa, y mantuvieron muy tensas las relaciones entre los dos estados.


Federico II Hohensataufen con el águila imperial


Cuando la dinastía Hohenstaufen quedó extinta dejando como nieta y heredera (aunque bastarda) de Federico II a Constanza de Sicilia, esposa del Rey de Aragón Pedro III el Grande. Pero como el Papa la había declarado extinta hacía años, llamó a gobernar Sicilia a Carlos, el duque de Anjou, hermano pequeño del Rey San Luis de Francia.


Vísperas sicilianas


El nuevo Rey defendió mucho más sus posesiones napolitanas que las insulares, con lo que en 1282 estalló una revuelta, las Vísperas sicilianas, en el que con la ayuda aragonesa, la nobleza de la isla, mucho más ajena al poder real que la península, echó del trono a los Anjou, proclamando Rey a Pedro de Aragón, viéndose desde entonces Unidos los destinos de la isla de Sicilia y Aragón por muchos siglos.


La llegada de los Aragoneses


El caso es que, si bien Carlos de Anjou fue echado de la isla, se mantuvo, con el apoyo del Papa, como rey de la Sicilia napolitana. Así pues, había dos “Reyes de Sicilia”: el de la Sicilia Ultra Pharae (allende el “faro” o estrecho de Messina) y la Sicilia Citra Pharae (la Sicilia Napolitana).


El Faro de Messina


En esta situación se mantuvieron siglo y medio, hasta que las luchas dinásticas de la Casa de Anjou llevaron a Alfonso V de Aragón, el magnánimo, tío de Fernando el Católico de quien tanto hemos hablado estos días, a conquistar Nápoles, volviendo a unir así casi dos siglos después el reino de sus ancestros normandos y Hohenstaufen.


Alfonso V el Magnánimo


Alfonso el Magnánimo, cuando conquistó Nápoles, se hizo coronar Rex Utriusque Siciliae, esto es, de las dos Sicilias a ambos lados del Faro. Un gran Rey, que hizo brillar la corte partenopea (gentilicio griego de Nápoles) con su pensamiento humanista, su reforma de los antiguos castillos y su correcto uso del poder, tras décadas de luchas.


Castellana Nuovo de Nápoles


A su muerte, como es desastrosa tradición, repartió sus reinos, dejando Aragón y Sicilia a su hermano Juan II (padre del Católico) y Nápoles a su hijo ilegítimo, llamado, como su padre, don Fernando, o en italiano, Don Ferrante. 


Carlos VIII de Nápoles


Durante esta época, Nápoles volvió a vivir una época agitada, en medio de las luchas entre Aragón y Castilla (pues ya se han casado y subido al trono ambos reyes Católicos en 1479) y Francia, donde el Rey Carlos VIII, descendiente de los últimos Anjou napolitanos, conquistó Nápoles. 


Carlos I y su esposa Isabel de Portugal 


Tras unos años de guerras italianas, finalmente quedó resuelto el tema en la época de su nieto, Carlos I de España, V de Alemania y, por qué no decirlo, III de Nápoles y II de Sicilia. Desde entonces, ambos reinos fueron gobernados por virreyes entre los que, sin duda, destaca el duque de Osuna en el siglo XVII.


Palacio Real de Nápoles


Los destinos de ambos reinos se verían unidos durante los próximos siglos, en manos de la casa de Austria española y alemana (salvo una breve etapa Saboyana tras el Tratado de Utrecht de 1713) hasta que en 1735 fue reconquistada para España en el marco de la Guerra de Sucesión Polaca.


Carlos VII de Nápoles


Fue aquí donde arribó a Nápoles y Sicilia la Casa de Borbón, en la persona del infante Carlos, duque de Parma (futuro Carlos III de España) con el nombre de Carlos V de Sicilia y VII de Nápoles, un rey realmente querido por su pueblo, que mejoró las condiciones de vida de todas las clases y, como curiosidad, fue el protector del redescubrimiento de la Antigua ciudad Romana de Pompeya, sepultada en el siglo I d.C. por el Vesuvio.


Fernando III y IV


Cuando sus dos hermanas mayores murieron y fue llamado al trono de España, dejó en Nápoles a su hijo pequeño, Fernando; que reinaría, como antes decíamos, como Fernando III de Sicilia y IV de Nápoles. Tuvo un reinado realmente largo y próspero, así como accidentado.


El Palacio Real de Ficuzza en Palermo


Aquí, en este momento de la historia, es donde llega la unión. Pero después de tantos siglos bajo el mismo cetro como reinos distintos, ¿que fue lo que llevó a la unión de Nápoles y Sicilia como “Las Dos Sicilias” por Fernando?


Nápoles durante la repubblica Partenopea 


Pues tiene nombre y apellidos: La revolución Francesa. O en esta caso, napolitana. En enero de 1799, casi 10 años después del estallido en París, la revolución explotó en Nápoles, escapando el Rey a Palermo y fue proclamada la República Partenopea durante 6 meses, hasta que en junio el almirante británico Nelson (recordado por Trafalgar) restituyó a don Fernando en el trono Napolitano.


Jose I Bonaparte


Sin embargo, al cabo de 6 años, en 1806, Nápoles sería conquistada por Napoleón, que colocó en el trono ahora a su hermano José, huyendo de nuevo el Rey a Sicilia. Allí, reinó de acuerdo a las instituciones antiguas, ganando mucho apoyo en la isla en ese momento. 


Joaquín I


Mientras, en Nápoles, José I reinó por 2 años, hasta que en 1808 fue llamado para ser rey de España, quedando en Nápoles el cuñado de Napoleón, el general Joaquín Murat, como Joaquín I. Sería destronado durante la restauración, devolviendo el trono completo a Fernando.


Fernando I de las Dos Sicilias


Para evitar problemas por el estilo, Fernando abolió los fueros sicilianos y constituyó, en 1816, el título de Reino de las Dos Sicilias, agrupando así ambos lados del Faro en un solo reino, como no era desde las vísperas sicilianas. Esto le trajo problemas, como la Revolución de 1820, que logró sofocar.


Francisco I de las Dos Sicilias


Tras el largo reinado de Fernando, fue sucedido por su hijo, Francisco I, cuya hija, María Cristina, se convertiría en Reina de España.


María Cristina de Borbón


En 1848, la primavera de los pueblos arribó a Nápoles y a Sicilia, con grandes sublevaciones que amenazaron el reinado del absolutista Fernando II, hijo del anterior. Sin embargo, este las sofocó a base de bombas.


Fernando II


El último rey de la dinastía sería su hijo, Francisco II, quien durante la unificación italiana, tras solo dos años de reinado, perdió en 1861 su trono en manos de Garibaldi y Víctor Manuel de Saboya, quedando desde entonces depuesta la monarquía borbónica en Sicilia.


Francisco II


Con respecto a los pretendientes, tema sobre el que me han pedido que hablara por su controversia, les diré que aunque ya no existía legalmente el trono de las Dos Sicilias, Francisco continuaría pretendiéndolo durante 60 años hasta su muerte, cuando por no tener hijos varones, fue sucedido por su hermano, el príncipe Alfonso, conde de Caserta.


Alfonso Conde de Caserta


Este fue sucedido por su hijo, el llamado Fernando de Calabria con el título de Fernando III, último pretendiente indiscutido que, de nuevo, falleció sin herederos varones.


Para heredar el trono, según las normas dinásticas de la Casa de Borbón- Dos Sicilias, no se podía ser mujer ni casarse en matrimonio no dinástico o morganático, ni como comprenderán, renunciar a los derechos sucesorios.


Infante don Carlos, abuelo del Rey


Así pues, veremos que Fernando III tenía un hermano, don Carlos (abuelo materno de Don Juan Carlos I), duque de Calabria, por matrimonio, infante de España. El problema es que, como había renunciado a sus derechos por ser un futurible rey de España (su esposa era María de las Mercedes, princesa de Asturias y hermana mayor de Alfonso XIII), no fue aceptado como candidato, y el derecho al trono pasó a su tío Rainiero.


Rainiero de las Dos Sicilias


El problema fue que Rainiero se casó morganáticamente, así que sus descendientes volvían a quedar fuera de la sucesión.


Gabriel de las Dos Sicilias


El derecho, pues, pasaría a su hermano Gabriel, cuyo heredero es hoy en día el príncipe Francisco Felipe de las Dos Sicilias, en teoría, el legitimista, aunque el menos conocido.


La familia del Duque de Castro


Sin embargo, son más famosas las otras ramas: la de los duques de Castro, descendientes del matrimonio no dinástico de Rainiero, con Carlos de Borbón-Dos Sicilias a la cabeza, fueron últimamente muy nombrados por su abolición simbólica de la Ley sálica, para permitir a su hija mayor, Carolina, heredar los derechos.


La boda de los duques de Noto


Por otra parte, la hispanonapolitana o de los duques de Calabria, representada por don Pedro de Calabria y por su hijo, Don Jaime, tiene de nuevo mucha importancia socialmente. Y esto lo digo en particular porque la boda de Don Jaime ayer con la heredera escocesa lady Charlotte Lindsay-Bethune (descendiente de Carlos II de Inglaterra) tuvo lugar ayer, día 25 de septiembre de 2021.


La familia real con la condesa de Barcelona, nacida princesa de las Dos Sicilias


A esta rama pertenecía doña María de las Mercedes de Borbon de las Dos Sicilias y Orléans, hija del segundo matrimonio del infante don Carlos, duque de Calabria, y madre del rey Juan Carlos I de España.


El escudo de las dos Sicilias


Aunque todo esto, démonos cuenta, son meras hipótesis dinásticas, si un día volviera el trono de las Dos Sicilias, habría tres candidatos con diferentes pretensiones.


El atardecer en la costa Amalfitana, uno de los lugares más conocidos


Ya saben que, si les ha gustado, pueden seguirme en instagram en el siguiente enlace: https://www.instagram.com/p/CUTJLm0tTmS/?utm_medium=copy_link


Espero que les haya gustado. Les recuerdo que me reservo los derechos de autor del texto, no así de las imágenes, ajenas a mi, cuya propiedad reconozco a sus respectivos dueños.


Santiago Ogando Pérez.












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