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Carlos, el príncipe de Viana


Hoy quiero hablarles de un personaje muy interesante y desconocido, pese a su importancia histórica, de nuestra historia: el príncipe Carlos de Aragón y Navarra, principe de Viana y de Gerona como heredero de los dos reinos y una de las figuras clave de la tardía Edad Media española.




Medio hermano mayor de Fernando el Católico, al ser heredero del reino de Aragón por parte de padre y de Navarra por parte de madre, su supervivencia hubiera supuesto la unión de los dos reinos del nordeste peninsular y, seguramente, hubiera impedido el nacimiento de esa después llamada España como monarquía unida. Sería, como veremos, su hermano pequeño Fernando quien, ya viudo de Isabel de Castilla, añadiría Navarra a sus dominios como conquista.




El que prefiera, puede ver solo el resumen gráfico en mi cuenta de instagram siguiendo este enlace: https://www.instagram.com/p/CUK1jvtNVs7/?utm_medium=copy_link


Pasemos a la historia.




El Infante don Carlos de Aragón y Navarra nació en Peñafiel, Castilla, el 29 de mayo de 1421. Perteneciente a la dinastía de Trastámara, era el hijo del futuro Juan II de Aragón y de la futura Blanca I de Navarra.


Su padre, Juan II, Rey de Aragón y Navarra


Su padre era entonces Don Juan, Infante de Aragón, como hermano del Rey Alfonso V el Magnánimo, pero como el padre de estos (abuelo de Carlos) había sido antes de rey de Aragón Infante de Castilla por nacimiento, su padre tenía muchos señoríos y títulos en Castilla, incluido el de duque de Peñafiel (lugar de nacimiento del príncipe), influyendo mucho en la política castellana con sus hermanos “Los infantes de Aragón” con y contra el valido del Rey, don Álvaro de Luna.


Su madre, Blanca I de Navarra


Su madre, la infanta Blanca de Navarra, era la hija del Rey Carlos III de Navarra, llamado el Noble, de la Casa de Évreux, nieto materno de Juan II de Francia, y de Leonor de Trastámara, tia de su esposo. Era, por tanto, de ascendencia castellana y, sobre todo, francesa (Navarra llevaba gobernada por dirigentes franceses desde el siglo XII, siendo Sancho VII el fuerte el último rey propiamente Navarro.


Sus abuelos, Carlos el Noble y Leonor de Castilla


Sus padres se habían conocido unos años atrás en Sicilia, cuando su padre, Don Juan, había sido allí enviado en 1415 por el rey como lugarteniente real de Sicilia a la muerte de Martín el joven, su Primo y predecesor. Cuando llegó a la isla, conoció a la viuda de Martín, Doña Blanca de Navarra, y según las crónicas, aunque la Reina era 13 años mayor, Don Juan  se quedó prendado de ella.


Su madre, Doña Blanca


Aunque estaba destinado a casarse con la heredera de Nápoles, finalmente se acabaron casando Blanca y Juan en 1420 en Olite, Navarra, tras un duro tratado entre Alfonso de Aragón y Carlos de Navarra, del que luego hablaré.


Castillo de Olite


Durante los primeros años de matrimonio, entre los que nació Carlos, el matrimonio vivió mayormente en Castilla, donde su padre tenía su hacienda y señoríos. 


Carlos el Noble, su abuelo


Sin embargo, al nacer el ansiado hijo, su abuelo (de quien tomó su nombre) Carlos III de Navarra lo hizo volver a su reino, educándole en su castillo de Olite, jurándolo como heredero en 1422 cuando tenía 1 año, y empezó poco a poco a darle una esmerada educación, desde deportes de entonces como el remo o la caza a idiomas como el francés pasando por su preparación en asuntos políticos para su futuro papel como Rey.


El príncipe Carlos


Al año siguiente, en 1423, su abuelo el Rey creó para el pequeño Carlos el título de Príncipe de Viana (a la usanza de Inglaterra con el príncipe de Gales o Castilla con el de Asturias) para nombrar, desde entonces, al heredero al trono navarro. Su abuelo moriría en 1425, pasando entonces la corona a su Madre, reinando como Blanca I, y su padre como Rey Consorte Juan II.


Blanca I y Juan II de Navarra


La situación funcionó hasta que en 1441, su madre falleció, teniendo ya don Carlos 20 años. Ahí se abrió el gran conflicto sucesorio en que su padre, el rey viudo, y el hijo, legítimo heredero, pugnaron durante otros 20 años por la corona navarra. Se casó, en esta época, con Inés de Cléveris, pero no tuvo hijos, enviudando joven.


Blanca de Navarra


Si bien en las capitulaciones matrimoniales de sus padres se establecía muy claro que a la muerte de Doña Blanca su hijo se convertiría automáticamente en Rey, en su testamento dijo que “por guardar el honor debido al señor Rey, su padre, le rogamos, con la mayor ternura que podemos, de no querer tomar estos títulos sin el consentimiento y bendición del dicho señor padre”.


Juan II


Aunque esto fue hecho de buena fe para buscar la Paz entre padre e hijo, en realidad acabó convirtiéndose en la apertura de la caja de Pandora entre ambos.


Don Álvaro de Luna, su gran enemigo


Al momento de la sucesión (1441), Don Juan de Aragón estaba en Castilla en plena Guerra Civil contra Don Álvaro de Luna y el Rey. Por este motivo, tras entrevistarse con su hijo en La Rioja, Don Juan decidió no renunciar a su título de Rey,  nombrando a su hijo sólo Lugarteniente General del Reino. 


Batalla de Olmedo


Sin embargo, Carlos sabía que era él el verdadero rey, y actuaba como Rey en su propio nombre, y no por “la gracia de su padre”. Todo fue bien hasta que en 1444, tras la Batalla de Olmedo, Don Juan perdió definitivamente en Castilla y se volvió a centrar en Navarra, reclamándole a su hijo los derechos que, según él, tenía por su difunta esposa, la Reina doña Blanca.


Juana Enríquez, Reina de Aragón


El problema aumentó cuando en 1447, Don Juan se volvió a casar con Juana Enríquez, de la poderosa casa de Medina de Rioseco. Ahora, según el derecho, ya no debería poder intitularse como rey viudo, pues estaba de nuevo casado. Sin embargo, el siguió ostentando el título.


Navarra en la época


Esto se sumó a la pugna que llevaba tiempo teniendo lugar en Navarra entre dos facciones del reino: Agramonteses y Beaumonteses, que representaban ambos las dos partes del reino.


Mapa de la disputa


Los Agramonteses representaban la Navarra de los Pirineos, la vieja Navarra. Una Navarra montañosa, de pastoreo y cierto atraso económico, pero con unos valores identitarios muy rígidos y de habla vascuence. Sus representantes eran los mariscales de Navarra, descendientes ilegítimos del Rey Carlos II “el malo”, bisabuelo del príncipe de Viana, y particularmente por mosén Pierres de Peralta, el gran estratega de la Navarra del siglo XV.


Peralta 


Los Beaumonteses, sin embargo, eran la representación de la rica y agrícola Navarra del sur, del Valle del Ebro, con Nájera, Pamplona y las grandes ciudades, más cercanos a Castilla y Aragón, no tan aislados como los pirenaicos. Esta facción estaba dirigida por Luis y su hermano Juan de Beaumont, preceptor del príncipe de Viana.


Escudo del prior Beaumont


La primera facción, los Agramonteses, apoyaban al Rey Juan II; en cambio, los Beaumonteses iban a favor de su hijo, el Príncipe de Viana. La situación era tremenda, pues Don Juan se había instalado en Olite con la corte y había empezado a actuar como el Rey propietario.


Olite


En medio de esto, Carlos se alía con el rey de Castilla y don Álvaro de Luna, antiguos enemigos acérrimos de su padre, lo cual supuso la ruptura final entre los dos. La Guerra era inminente.


María de Aragón era la Reina de Castilla como esposa de Juan II, y era hermana de Juan II de Aragón, por tanto, tía de Carlos


En 1451 tuvo lugar la Batalla de Aybar, en la que el Rey Don Juan y los Agramonteses derrotaron a don Carlos de Viana y al prior Luis de Beaumont, encarcelando al hijo durante 2 años. 




Poco después, en 1455, Don Juan decidió desheredar a sus dos hijos mayores, Carlos y Blanca, y nombrar como heredera a su hija más cercana, Leonor, esposa del conde de Foix y Bigorra, señor de Andorra, lo cual enfadó gravemente al principe.


Leonor I de Navarra


Así pues, don Carlos decidió marchar de viaje a Francia e Italia, donde buscó el apoyo de su pariente, el rey Carlos VII, y del papa Calixto III, de origen valenciano (pertenecía a la famosa casa de Borgia). Sin embargo, no obtuvo nada.


Calixto III


A continuación, decidió ir más al sur, a Nápoles, donde le esperaba el rey de Aragón, su tío Alfonso V el magnánimo, quien decidió escucharle y mandar una embajada a su hermano para llegar a una paz entre ambos. Aunque se consiguió la tregua, la muerte del rey Alfonso un año después llevó a que La Paz quedara paralizada.


Alfonso V el Magnánimo


Cuando murió Alfonso V, Juan II de Navarra fue proclamado Rey de Aragón, Nápoles, Valencia y Mallorca, así como Conde de Barcelona. Un título particular, el de Rey de Sicilia, llevaba varios años siendo destinado al heredero de la corona que, en principio, era Carlos. Por ende, tomó camino a Sicilia para ser nombrado virrey y lugarteniente general. 


Carlos IV de Navarra


Entre tanto, la Guerra en Navarra seguía, y los Beaumonteses proclamaron a su hijo como el Rey Carlos IV de Navarra, enfureciendo a su padre mientras el hijo se encontraba aún en Italia, ajeno a la intención de los acontecimientos.


Fernando el Católico, su medio hermano


Pero el rey Don Juan, ante las traiciones de su hijo, decidió no sólo no nombrarle, sino llamarle de vuelta a la península (previo paso por Mallorca) para retirarle la primogenitura aragonesa (un título más que un derecho natural en Aragón), nombrando a su hijo pequeño, Fernando, Rey de Sicilia y primogénito de Aragón.


Pedro III de Aragón se había convertido en rey de Sicilia a finales del siglo XIII, y desde entonces estuvo unida a la corona de Aragón


Tras tiempo de diferencias, llegaron a un acuerdo, por el cual Carlos devolvería las plazas Beaumontesas en Navarra y Juan le devolvía sus títulos de Principe de Viana, con la condición de que no volviera a Navarra ni a Sicilia.


Su madrastra, Doña Juana


Para firmar La Paz, se encontraron padre e hijo en Barcelona aquel marzo de 1460, en un desfile triunfal. Esta reconciliación duró poco, pues menos de un año después volvió a ser encarcelado por su padre, que prefería claramente ser sucedido por su hijo pequeño, Fernando, de solo 8 años.


Don Carlos en Barcelona


Este nuevo encarcelamiento de don Carlos motivó el alzamiento de Cataluña en febrero de 1461, recuperando el príncipe su libertad y siendo nombrado Gobernador general de Cataluña aquel mismo año. Pese a esto, no recuperó los derechos de la primogenitura.


Carlos


Gobernó durante 3 meses, pero entre rumores de envenenamiento por parte de su padre o de su madrastra, fallecía tal día como hoy de 1461 de tuberculosis como un héroe para los catalanes entre hipotéticos planes de boda con la joven infanta Isabel de Castilla.


Isabel de Castilla


Su figura fue muy utilizada tanto en Navarra como en Cataluña en los siguientes años, sobre todo en esta última, que se alzó en Guerra, y que Juan II tardaría tiempo en sofocar (las famosas revueltas de los payeses de la Remensa, entre el Rey y las instituciones catalanas con los campesinos de por medio).


La Remensa catalana, hermana de la Jacquerie francesa y los Irmandiños gallegos


Si bien Carlos no tuvo hijos en su matrimonio, tuvo dos ilegítimos. De todos modos, a su muerte fue sucedida en sus derechos al reino de Navarra por su hermana Blanca, ex princesa de Asturias como primera esposa de don Enrique IV el impotente. Aún así, la verdadera sucesora fue su hermana pequeña, Doña Leonor, que acabaría con el reino en la Casa de Foix.


La triste Doña Blanca


En Aragón y su corona seguiría reinando Juan II por 16 años más, hasta que a su tardía muerte a los 89 años fue nombrado rey su hijo, Fernando el Católico, quien casado con Isabel I de Castilla (de la que antes hablamos), unió dinásticamente las dos coronas de Castilla y Aragón.


Isabel y Fernando


Si bien con don Carlos se hubieran unido Navarra y los reinos aragoneses, probablemente no hubieran llegado a unirse con Castilla, al menos durante un tiempo, y la actual España hubiera sido simplemente una quimera.


Germana de Foix, reina de Aragón e infanta de Navarra 


Sería medio siglo después cuando, el 1513, con el irónico apoyo de los beaumonteses (que siglos atrás habían apoyado a su medio hermano y rival) contra los Agramonteses (partidarios de su padre), unía Don Fernando el Católico, ya viudo y casado con su joven sobrina nieta navarra Germana de Foix, decidía unir Navarra a la Corona de Castilla, quizá en memoria de su hermano quien, ya hacía casi un siglo, había sido el heredero de aquellas coronas que ahora él, tantos siglos de Reconquista después, volvía a ceñir sobre la misma cabeza.


Las uniones dinásticas de los Reyes Católicos 


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Santiago Ogando Pérez.


Comentarios

  1. No entiendo como en el mapa ponen a Cataluña, cuando no existía como tal.

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