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Enrique VIII: el Rey de las seis Reinas




Tal día como hoy hace 475 años, el 28 de enero de 1547, fallecía en Londres a los 55 años el Rey Enrique VIII de Inglaterra, que con sus seis esposas (sucesivas, no simultáneas) se convirtió en el rey de la historia de Inglaterra más conocido.


Este Rey, padre de la Reforma de la Iglesia Anglicana, tuvo una vida realmente azarosa, pues aunque no había nacido como heredero a la corona, acabó siendo un Rey que, consolidó la débil monarquía inglesa, que llevaba siglos en una zozobra constante de guerras, dando, no sin dificultades, continuidad a su dinastía, la casa de Tudor.


La rosa Tudor, símbolo de su casa, fusión de la Rosa Lancaster y la York


Hoy, evitando contar su mera biografía, quiero hablarles de sus esposas, pues fueron 6 las que tuvo, y cómo influyeron en la historia universal.



1. Catalina de Aragón, la española desdichada


La primera esposa del Rey, la única con sangre real. Era la hija pequeña de los poderosísimos Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, que en medio de su política globalista, casaron a sus hijos con diferentes príncipes de las monarquías europeas.


Su primer marido había sido el hermano mayor de Enrique (Arturo, el Príncipe de Gales), pero este murió a los 5 meses del matrimonio, sin haberlo consumado. Con la dispensa papal, su antiguo suegro la prometió con su segundo hijo, Enrique, el duque de York, y cuando Enrique VII falleció, se casó con ella ella y se convirtió en Reina de Inglaterra.


Arturo, su primer marido


Si bien su marido le tenía en un principio mucha confianza, pues fue regente durante 6 meses y obtuvo importantes victorias, su incapacidad para darle herederos varones hizo que Enrique empezase a recelar de su esposa. Aún así, consiguieron tener una hija superviviente: María Tudor, futura María I de Inglaterra.


María Tudor


Llegó un momento en que el Rey decidió dejar a su esposa por la cortesana Ana Bolena, y pedirle al papa la nulidad. Sin embargo, el Papa, con miedo al Emperador Carlos I de España y V de Alemania (sobrino carnal de Catalina) no se la dio.


Aunque Enrique VIII había sido uno de los más inflexibles luchadores contra el protestantismo y la Reforma (por lo que se le había dado el título de Defensor de la Fe (Fidei Defensor), decidió desobedecer a la Iglesia, declarando la supremacía de la Iglesia de Inglaterra, empezando la Reforma Anglicana.




Tras otorgarse a sí mismo la nulidad matrimonial en 1533, la Reina Catalina pasó a ser tratada como “La princesa viuda de Gales” en memoria a su matrimonio con su hermano Arturo. 


Se dedicó a la lectura y la sabiduría (era protectora y corresponsal con Erasmo y Tomás Moro), y falleció tres años después de cáncer de mama. 




Es de justicia decir que Catalina, entre su primera viudez y su matrimonio con Enrique, ejerció como la primera mujer embajadora, siendo la embajadora de Castilla en Inglaterra, y con mucha corrección.


Pese a lo desgraciado de su matrimonio, su hija María se acabaría convirtiendo, años después, en Reina de Inglaterra.




2. Ana Bolena, la dama de la reforma


Nacida en una familia aristocrática inglesa (su apellido original era “Boleyn”), era una de las damas de la Reina Catalina. El Rey se enamoró de ella, y por querer casarse con ella fue por que rompió con la Iglesia Romana.

Su escudo como reina


Aunque las aspiraciones del Rey en principio eran muy altas, Ana tampoco fue capaz de darle al Rey un heredero varón, y su única hija fue Isabel Tudor, la que después se convertiría en Isabel I de Inglaterra.


Su hija Isabel Tudor, futura Isabel I


Aunque apoyó mucho al rey durante la Reforma (con una viva Fe anglicana que heredaría su célebre hija), su incapacidad para tener un varón hizo la misma mella en su matrimonio que en el anterior. 

Ana Bolena en la Torre, cerca de su ejecución 


Para librarse de ella, fue acusada, entre otras, de adulterio e incesto, por lo que fue condenada y decapitada en la Torre de Londres en 1536. La veracidad o no de las acusaciones es desconocida. El caso es que, sin ella, el Rey ya podía volver a casarse.



3. Jane Seymour, “Su única esposa”


Era este el llamativo término se refería a ella Enrique VIII tras su fallecimiento. Y es que Juana Seymour consiguió algo que ninguna de sus otras esposas había conseguido: le dio al rey un heredero varón sano, el futuro Eduardo VI, lo cual le otorgó el cariño perpetuo del Rey.


Su escudo como reina


Jane tenía una historia muy similar a la de la anterior reina, Ana Bolena. Además de ser primas segundas, pertenecía a una familia de la nobleza inglesa (que además, descendía de la monarquía, pues uno de sus tatarabuelos era Leonel de Amberes, hijo de Eduardo III).




Ella era una de las damas de la Reina Ana, y el rey se prendó de ella. Tras la ejecución de su predecesora en 1536, el Rey se casó con ella, y tras el embarazo dio a luz al ansiado varón. Falleció poco después, por una infección puerperal, en 1537. 


Idealización de la familia


Dado que le había dado al rey un heredero, su memoria quedó preservada y no perjudicada como la del resto, siendo sus hermanos altos cargos en la monarquía tras su muerte y, sobre todo, durante el (breve) reinado de su hijo Eduardo, durante el cual su hermano Edward Seymour fue Ld. Protector.


4. Ana de Cleves, “la hermana del Rey”


Esta duquesa protestante alemana, con fama de ilustrada y correcta, parecía la candidata ideal para ser la siguiente esposa del Rey, que había guardado dos años de luto por su última esposa.


Su escudo como reina 


Cuando Ana llegó a Inglaterra tras la boda por poderes en 1540, no causó una impresión positiva en el Rey, y no llegó a ser coronada Reina, pues el Rey la rechazó como esposa. 




Ella se comportó con corrección y aceptó la anulación, siendo fuertemente compensada por el Rey, quien le otorgó tierras y castillos. Permitió que fuese tratada como “su hermana”, y vivió una vida tranquila como amiga de la familia hasta su muerte, en 1557, siendo una de las pocas que le sobrevivió.



5. Catherine Howard, la joven prima


Como si de un tema de familia se tratara, la nueva esposa del Rey, Catherine Howard, era prima carnal (su padre era hermano de la madre) de Ana Bolena, la segunda de las esposas del Rey.


El escudo


Como ya era tradición, el Rey se había fijado en ella al ser parte del cortejo de la Reina Ana de Cleves, y poco después de la anulación, el Rey se casó con ella en 1540.


Este, que ya estaba asombrosamente obeso y contaba con 50 años, le llevaba más de 30 años a su esposa, de solo 19 años. Al parecer, el matrimonio estuvo lleno de escándalos, en los que la Reina habría tenido que ver con varios otros cortesanos. No tuvo hijos. 





Tras dos años de matrimonio, y sin anular el matrimonio, la Reina fue ejecutada como su prima en la Torre de Londres, y enterrada junto a ella.



6. Catherine Parr, la rica viuda


La última de las esposas de Enrique VIII volvía a ubicarse en la nobleza inglesa, pues descendía también de Eduardo III. 


Antes de casarse con el Rey, había tenido ya dos matrimonios, de los que, sumados a su herencia “dinástica”, había conseguido una rica fortuna.




El Rey se fijó en ella porque estaba en la casa de María Tudor, la hija mayor del Rey. Ella estaba en una relación con Thomas Seymour, cuñado de Enrique y tío del futuro Eduardo VI, pero el Rey se encaprichó de ella y se casó con ella.




No tuvo hijos con él, y pese a su religión calvinista, no tuvo problemas con el Rey y le sobrevivió. Tras su muerte, se casaría con Seymour, teniendo con él una hija, aunque murió en el parto.






Enrique VIII morirá en 1546, con dos de sus seis esposas aún vivas. Paso a la historia como el reformador de la Iglesia Anglicana, elevar el señorío de Irlanda a Reino y por perder lo único que le quedaba a Inglaterra en Francia, Calais.


Les dejo el enlace al resumen en imágenes de instagram: https://www.instagram.com/p/CQrUlGjLSDb/?utm_medium=copy_link


Espero que les haya gustado. Les recuerdo que me reservo los derechos del texto, no así de las imágenes, cuya propiedad reconozco a sus respectivos dueños.


Santiago Ogando Pérez.

















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