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Doña Fabiola, o la española que llegó a ser Reina de Bélgica


Hoy, hace 94 años, el 11 de junio de 1928, nacía en Madrid Doña Fabiola de Mora y Aragón, la que llegaría a ser, años después Reina de Bélgica tras casarse con el Rey Balduino entre 1960 y 1993.

Doña Fabiola y Balduino


Así, hoy quiero hablarles de la bonita historia que unió a una joven aristócrata española y al Rey de Bélgica, un matrimonio que muchos consideraron desigual en su momento (20 años antes que el del príncipe Carlos y Lady Di), pero que, sin duda, y como luego verán, era realmente igual en sus caracteres. Así, en primer lugar, les hablaré de Doña Fabiola.




Si lo prefieren, pueden ver mejor el resumen gráfico en mi instagram @historiasporlahistoria pulsando este enlace: https://www.instagram.com/p/CQBY2ADL9Qw/?igshid=YmMyMTA2M2Y=

Pasemos a la historia.


Doña Fabiola y si madre, Doña Blanca de Aragón


Pese a que más tarde se convertiría en reina, ella cuando nació era ajena dinásticamente a la realeza, pese a ser de familia noble. Sus padres, Don Gonzalo de Mora y Doña Blanca de Aragón, eran, entre otros títulos, los marqueses de Casa Riera. 


Su padre, el IV Marqués de Casa Riera


Era la cuarta de siete hermanos, entre los que estaba el más célebre de ellos, don Jaime de Mora y Aragón, famoso actor de películas españolas, así como otros muchos que siguieron en la vida aristocrática.


Don Jaime de Mora y Aragón


Si bien el padrino de bautismo de la pequeña Fabiola fue su tío materno, el marqués de Casa Torres, su madrina fue ni más ni menos que la Reina Doña Victoria Eugenia de España. Y es que aunque no era de la realeza, su familia estaba muy bien relacionada.


Doña Fabiola con varios de sus hermanos


Con su nombre de pila, ya parecía que estaba destinada a reinar: Fabiola Fernanda María de la Victorias Antonia Adelaida de Mora y Aragón, Fernandez Riera y Carrillo de Albornoz.


La Reina, su madrina, y el Rey



Cuando aun no tenía 3 años, en 1931, cayó la monarquía Alfonsina, y la familia marchó al exilio. La amistad que unía a su padre con el Rey llevó a que la familia de Doña Fabiola también marchara de España, a la que no volvió hasta finalizada la Guerra Civil, estableciéndose en Francia y Suiza, donde vivía su Madrina la Reina, así como en Italia, donde vivía el Rey exiliado. 


La joven Fabiola 



Allí, entre tanto viaje, recibió una esmerada educación, aprendiendo, además de su español natal, francés, inglés, alemán e italiano, a los que después se sumaría el neerlandés.


A la vuelta, restauraron su palacio de Madrid (Palacio de Zurbano, actual sede del Ministerio de Fomento) que había sido utilizada durante la Guerra por el PCE, y particularmente, por su líder Dolores Ibárruri, Pasionaria.


El Palacio de Zurbano



En su juventud, estudiaría enfermería, una carrera que, por aquel entonces, estaba destinada a las mujeres, sobre todo a las de familia rica, que eran las que podían estudiar. Aún así, su ferviente catolicismo le hacía plantearse muy seriamente, según se dice, la entrada como monja en un convento.


Fabiola y Balduino



Sin embargo, en 1960, cuando tenía ya 32 años, tendría lugar el momento que cambió su vida: se casó con el Rey de Bélgica, Balduino, tras una historia de amor muy bonita.


Balduino de Bélgica 



Ahora, les hablaré sobre el Rey Balduino. Era dos años más joven que su esposa Fabiola (nació en 1930), y era el hijo del entonces príncipe heredero (Duque de Brabante) Leopoldo, futuro Leopoldo III de Bélgica, y de la princesa Astrid de Suecia, hija de los Duques de Vastergotland y, por tanto, tia materna del Rey Harald V de Noruega por ser hermana de la princesa heredera Marta de Noruega y pariente de las monarquías danesa, sueca y británica (aunque ojo, al contrario de lo que algunos creen, no descendía de la Reina Victoria del RU). 

Sus padres, el rey Leopoldo III y la Reina Astrid



En ese momento, reinaban en Bélgica sus abuelos, el rey Alberto I de Bélgica, y su esposa, Isabel de (en) Baviera, sobrina carnal de la Emperatriz Sissi.


Sus abuelos, Alberto I e Isabel de Baviera


Era el segundo, pero primero varón, de tres hermanos: su hermana mayor, Josefina Carlota de Bélgica, se convertiría en Gran Duquesa consorte de Luxemburgo por su matrimonio con el gran duque Juan; su hermano pequeño, Alberto, príncipe de Lieja, se convertiría en su sucesor como Alberto II.


La pareja real con sus hijos, Josefina Carlota, Balduino y Alberto


La tragedia marcó la vida de Balduino y sus hermanos cuando él solo tenía 5 añitos: solo un año después de subir sus padres al trono, los Reyes sufren un grave accidente de tráfico durante sus vacaciones en Suiza, muriendo a causa de eso su madre, la bella Reina Astrid, causando una gran impresión en sus hijos y en su joven marido, el Rey Leopoldo.


El funeral de la Reina Astrid


Pocos años después, Hitler, el líder de la Alemania Nazi, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, invadió Bélgica, y el rey y si familia se quedaron “confinados” en su castillo de Laeken, en arresto domiciliario nazi.


Castillo de Laeken


 Mientras sucedía la ocupación y la guerra, el rey Leopoldo se casó en segundas nupcias con Lilian Baels, hija de un político conservador, a la que, por respeto a la difunta Reina Astrid y por el hecho de estar en guerra, no nombraría Reina, sino “La princesa de Rhety”. Los hijos que tuvo con ella (3) quedaron excluidos de la sucesión.


Los príncipes Alberto y Balduino con la princesa de Rhety, el rey Leopoldo y sus dos hijos pequeños


La popularidad del Rey Leopoldo cayó fuertemente durante la Guerra por lo expuesto previamente, y al acabar la misma, el Rey se trasladó a Suiza, manteniendo la regencia su hermano, el príncipe Carlos de Bélgica. A la vista de lo terrible de la situación, se llevó a cabo un referéndum sobre la monarquía en el 1950, con un resultado de apoyo a la misma de casi un 60%.


Balduino, recién entronizado


Sin embargo, y con miedo a una guerra civil, Leopoldo abdicó, en 1951, en su hijo Balduino, de 20 años, un chico triste y melancólico por culpa de los azares de la vida. El joven rey, firmemente católico, permitió hasta su matrimonio con Doña Fabiola la presencia de su padre y su nueva mujer en el castillo real de Laeken con la que, según dicen algunos, Balduino tenía una relación “especial”. Volvamos ahora a la historia del matrimonio.


Leopoldo y su nueva mujer


Sobre cómo se conocieron hay, principalmente, dos versiones: hay una, la más clásica, que dice que se conocieron durante un baile que su madrina, la Reina Doña Victoria Eugenia, habría organizado en Lausanne, la localidad suiza donde residía, un baile para encontrarle un esposo a su nieta, la Infanta Doña Pilar, hermana mayor del Rey Don Juan Carlos. Aparentemente, la infanta habría ido al baile acompañada de la noble Fabiola, quien habría causado fuerte impresión en el Rey de los Belgas, y se enamoraron.


Doña Fabiola y Doña Pilar


La otra teoría, por la que yo me decanto, es que una monja irlandesa, sor Veronica O’Brien, quien buscando una esposa católica para el ferviente Rey, encontró en la España de los años 50 su candidata ideal, Doña Fabiola de Mora y Aragón.


La irlandesa Sor Verónica 


Así, les hicieron coincidir en varias citas y, al parecer, lo que cautivó al “Rey triste” de aquella dama española fueron sus rezos conjuntos, particularmente en unas oraciones en el santuario francés de Lourdes. Una historia de amor marcada, sin duda, por la religión y el sentido del deber.


Los Reyes, rezando


Doña Fabiola era una joven elegante, inteligente, guapa y muy piadosa, las cualidades ideales para ser la esposa del Rey Balduino, un hombre, como decía, de profundas convicciones católicas.





La boda llegó el día 15 de Diciembre de 1960. Él tenía 30 años, ella 32. En la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas se dieron el sí quiero los nuevos reyes de Bélgica ante la mirada de los mayores representantes de las monarquías europeas donde, por fin, se veía un Balduino sonriente, acompañado de la mujer que amaba.


La pareja real el día de la boda


Pero como tantas veces pasó en la historia, la suerte volvió a darle la espalda al pobre Balduino y su esposa: con cada embarazo, Doña Fabiola abortaba, sus gestaciones nunca llegaban a término, y tras el quinto intento fallido, cesaron sus esperanzas.


El querido joven matrimonio


Este matrimonio tan amado, tan cristiano, tan sobrio, se refugiaba en Dios y en oraciones conjuntas ante los desprecios que la naturaleza les hacía. Supliendo su falta de hijos, se dedicaron a la crianza de su sobrino Philippe, hijo de su hermano Alberto y su cuñada Paola. Hoy, ese sobrino es el rey Felipe I de Bélgica.


Fabiola y Felipe, en la boda de su homónimo, Felipe, el Príncipe de Asturias


La realidad es que la popularidad de los reyes fue realmente elevada, contrastando con la que había tenido su padre y la que después tendría su hermano y sucesor, Alberto.


Doña Fabiola y su cuñada, la futura reina Paola, esposa de Alberto II



Quizá, de todo su reinado, el evento más recordado (en este caso, para mal), fue su objeción de conciencia para firmar la Ley del Aborto. Como tanto Fabiola como él eran fervientes católicos, el hecho de tener que firmar una ley que permitiera ampliar los plazos del aborto le horrorizaba. 


El matrimonio, tiempo después 



Sin embargo, como el sentido del deber le superaba, se puso a buscar fórmulas junto con el gobierno para que la ley saliera aprobada sin que el Rey la firmara (recordemos que en las monarquías constitucionales, el Rey debe firmar (sancionar) una ley para que entre en vigor.


Balduino, en los 90


De ese modo, en el año 1990, durante el día 4 de abril, Balduino decidió pedir que le declararan incapaz, para que así el gobierno tuviera la regencia y no hiciera falta que él firmara. Al día siguiente, se votó en el parlamento su vuelta, y no obtuvo ni un solo voto en contra. Ajenos o no a la polémica del aborto, es obvio que, pese a sus fuertes creencias cristianas, los Reyes supieron poner por delante el bienestar constitucional y de los propios Belgas.


Los Reyes por España


Como la Reina Fabiola era española, Balduino y ella pasaban largas temporadas en el país, particularmente en Motril, la costa de Granada, donde tenían una Preciosa propiedad: Villa Astrida, nombrada así en honor a la Reina Astrid, madre de Balduino.


Villa Astrida


Fue precisamente allí donde, tras un infarto agudo de miocardio, fallecería el 31 de julio de 1993 el Rey Balduino a los 62 años, tras 41 años de reinado y 33 años de matrimonio con su amada Fabiola, quien le acompañaba siempre.


La Reina Paola, Alberto II, La Reina Fabiola, Felipe, Astrid y su marido el archiduque


Tras la muerte de Balduino, sucedió el funeral: un evento realmente impresionante, al que, extrañamente, acudieron casi todas las grandes figuras de las monarquías europeas (desde Isabel II y su consorte a Rainiero de Mónaco pasando por los Reyes de España o los Emperadores del Japón), mostrando el gran cariño y respeto que tenían por el Rey Balduino.




Precisamente, la Reina Fabiola, ahora la Reina Viuda, sería la protagonista del funeral, pues, en lugar del típico luto negro, acudió toda vestida de blanco, pues su querido marido así se lo había pedido, para celebrar que su alma se encontraría por fin con Dios.


Fabiola, la Reina Viuda


Tras la subida al trono de sus cuñados (Alberto II y Paola), doña Fabiola se dedicó principalmente a la caridad, que compaginaba con otras actividades como la pintura o incluso la escritura (recordemos que había publicado anónimamente un libro de cuentos en los años 50 cuando aún estaba en España).


Doña Fabiola con su sobrino, el rey Felipe, y su esposa


Doña Fabiola sobreviviría 21 años a su marido, en 2014, falleciendo a los 86 años ya durante el reinado de su querido sobrino Felipe I de Bélgica, al que ella y su Balduino habían criado.


El funeral de la reina


Su funeral volvió a contar con la presencia de la plana mayor de las monarquías europeas, y con ella se cerró una etapa diferente de la historia belga, la de la mujer de aquel Rey siempre triste que había llegado al trono poco después de la Segunda Guerra Mundial, que con su sentido del deber y con su sencillez, consiguió remontar la popularidad de la monarquía tras los escándalos de su padre y, que con la ayuda de su mujer, su alma gemela, dio a la monarquía belga algunas de sus páginas más gloriosas.


Su escudo como reina de Bélgica e hija de los marqueses de Casa Riera, dama Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica


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Santiago Ogando Pérez.

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