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Día de San Isidro Labrador, el símbolo de Madrid


 Hoy es el día 15 de mayo y, en un año normal, sería el día más castizo del año, el típico para ver Madrid lleno de chulapos y chulapas recorriendo la ciudad para ir a la pradera de San Isidro, bailándose un chotis en la verbena o bebiendo la famosa agua de la Fuente, mientras se va a los niños correteando, merendando unas rosquillas y disfrutando del día festivo, bajo el ojo de turistas llegados de multiples sitios para ver esta tradicional celebración que, con los siglos, se ha convertido en un símbolo de la Villa de la Corte.

Imagen de fiestas antiguas


La primera constancia de un año en que se celebrasen las fiestas en honor a San Isidro datan del siglo XIV, para ser exactos del año 1344, reinando en Castilla, León y Galicia Alfonso XI. De este año data una carta ejecutoria sobre la financiación de unas pequeñas fiestas que se iban a celebrar en su honor.

Las famosas rosquillas de San Isidro: las listas (bañadas en azúcar), las tontas (sin baño), las francesas (en almendra) y las de Santa Clara (en merengue). Hay recuerdos de rosquilleras famosas como la “Tía Javiera”.


La verbena, flor de la que salió el nombre de las fiestas, pues era costumbre llevar un ramito de verbenas en la solapa para ir a las fiestas en diferentes sitios de España


Aún así, las primeras grandes fiestas, cercanas a lo que conocemos hoy en día, datan de 1620, ya en la época de los Austrias, pues fue en este momento cuando se declaró a Isidro Labrador, como luego veremos, primero Beato y, después, Santo.


Con respecto a su vida, como suele pasar en el campo de los Santos, varios aspectos su vida se pierden en las tinieblas de la historia. 

San Isidro Labrador (Isidorus Agricola), representado con sus famosos bueyes arando guiados por ángeles, tradicional iconografía cristiana.


Aún así, voy a hacerles un resumen contextual y biográfico lo mejor posible, centrándome, principalmente, en el famoso “Códice de San Isidro”, la referencia histórica primaria sobre él más cercana a su vida.

Vista del códice de San Isidro


Isidro, cuyo verdadero nombre se dice que era Isidro de Merlo y Quintana, habría nacido en Mayrit (el precursor musulmán de Madrid) alrededor del año 1082.

Restos de las murallas moras de Madrid


En esta época, y desde hacía ya más de trescientos años, la parte sur (a cada siglo que pasaba, menos) de la península estaba en manos de los sarracenos (musulmanes), quienes habían conquistado entre el 711 y, más o menos, el 716, lo que había sido el Reino Visigodo de Toledo.

La península en la época de las Taifas: ven en el centro la gran Taifa de Toledo

En esta conquista, contra lo que muchos quizás creen, no arrasaron con la población anterior que conquistaron, sino que, mediante el pago de un tributo, permitían vivir con cierta libertad y ejercer su religión (en la mayoría de los periodos) tanto a cristianos como a judíos (las llamadas religiones de libro).

Una jarcha, típica forma de literatura mozárabe 


Los cristianos que quedaron en los reinos moros se llamaron mozárabes, quienes hasta tenían su rito cristiano, su arte y su lengua romance propia (con influencias árabes).


Sería precisamente en una familia mozárabe en la que nacería San Isidro, cuyos padres, según el escritor Lope de Vega, uno de sus mayores estudiosos, se llamarían Pedro e Inés, y habrían vivido en lo que sería el Arrabal de San Andrés.

Alonso VI tomando Toledo


Cuando el tenía unos 3 años, en el año 1085, tuvo lugar la tan famosa conquista de Toledo por el (ya tantas veces nombrado por mi en este blog) Rey Alfonso VI de León, Galicia y Castilla. Y es que, tras la desintegración del Califato de Córdoba en el año 1031, los territorios de Madrid de habían quedado formando parte de la Taifa de Toledo.


Como era costumbre en las repoblaciones desde hacía siglos, las nuevas tierras conquistadas le fueron otorgadas a diferentes caballeros que contribuyeron a la conquista del territorio. Así, la zona de Madrid le fue otorgada a la familia Vargas. Fue precisamente para esta familia para quien los padres de Isidro comenzaron a trabajar como agricultores.

Heráldica de los Vargas, una de las tradicionales familias de Madrid

Se habría quedado huérfano muy niño, y tuvo que buscarse la vida como labrador desde muy joven. Al parecer, ya allí, se habría convertido en un hombre muy trabajador y muy religioso, pasándose horas y horas rezando.


Como hasta casi un siglo después Madrid fue una zona fronteriza en constante cambio de manos, los colonos y señores tenían que pasar de vez en cuando a tierras más al norte, y la familia de Isidro lo hizo a Torrelaguna, al norte de Madrid.

San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza


Allí, conocería a una joven de Uceda (Toledo), María Toribia, con quien el santo contraería matrimonio. Tendrían un hijo, Illán, futuro San Illán. Su mujer sería conocida posteriormente como Santa María de la Cabeza.


Al casarse, la dote de su mujer era una finca en Uceda, y allí se fueron a trabajarla en un principio, antes de volver a Madrid, adonde acabaría volviendo un tiempo después para ponerse al servicio de los Vargas.

San Isidro saca del Pozo a su hijo San Illán 


En esta vida de santidad sería donde encajarían los milagros que la tradición Cristiana le atribuye: sacar a su hijo Illán de un pozo mediante sus rezos, conseguir que los bueyes araran solos mientras él rezaba con la ayuda de ángeles, multiplicar la comida de su olla para dársela de comer a un pobre o hacer brotar agua del suelo clavando su aguijada para darle de beber a su amo, Juan de Vargas. 


Sería precisamente esta fuente la famosa fuente de San Isidro, a la que se atribuyen las famosas propiedades milagrosas.

La Iglesia de San Andrés, al lado de la cual vivía él, y donde se enterró 


Se estableció al lado de la Iglesia de San Andrés, allí oía misa al alba y, después, cruzaba el Manzanares para trabajar las tierras de su señor cada día. Tenía fama ya de hombre piadoso, pero según se dice, había levantado los recelos de varios de sus compañeros por llegar tarde (tras ir a misa).


Años después, para llevar vida de santidad, los esposos acordaron separarse pese a su amor, dedicándose María a cuidad una capilla e Isidro al trabajo y la oración.

Urna moderna con su cuerpo incorrupto 

Así siguió su vida hasta la vejez, cuando en su agonía, María de la Cabeza volvería a cuidad a Isidro, quien murió hacía el 1172, siendo ya Madrid una posesión, definitivamente, castellana.


San Isidro fue, al principio, enterrado en el cementerio como un hombre del pueblo más, en un cajón de madera, pero su cuerpo amortajado quedó incorrupto (no voy a enseñar la foto, que existe, para no herir sensibilidades).


Su devoción había quedado instalada en la memoria popular, y el pueblo madrileño y de alrededores le rezaba para obtener la lluvia o para curarse de enfermedades.

La Batalla de Las Navas de Tolosa, que marcó el fin de los  Almohades y el principio del fin de la Reconquista, con la que se abrirían las puertas de la actual Andalucía 


Tras invocar su ayuda en la Batalla de las Navas de Tolosa, unos 40 años después de la muerte del santo, el rey Alfonso VIII de Castilla volvió a Madrid y, recuperando el cuerpo del santo, lo hizo colocar en una urna policromada y colocarlo en la capilla.

La urna


Como al principio se solía considerar santos a los hombres piadosos sin canonización oficial, fue considerado santo por el pueblo ya desde poco después de su muerte. Sin embargo, no sería hasta el siglo XVII cuando, como antes adelantaba, tuvo lugar su beatificación y canonización: los principales santos españoles, como Santa Teresa de Jesús, San Francisco Javier, San Felipe Neri o San Ignacio de Loyola fueron canonizados junto con San Isidro en el año 1622. Por la canonización de San Isidro se llevaba luchando años, y el pueblo de Madrid se unió para lograrlo, consiguiéndolo el Rey finalmente.

Grabado del recuerdo de las canonizaciones


Su cuerpo incorrupto y su fuente, de la que antes hablábamos, eran fuente de milagros para la población, pero no solo para el pueblo llano, sino para la familia real: si bien ya en época, por ejemplo, de los reyes Católicos, se había empleado (le llegaron a arrancar un dedo del pie), sobre todo desde la casa de Austria en adelante, el cuerpo de san Isidro era paseado por la corte para curar enfermos, sobre todo a los reyes y las reinas, como Felipe III, Carlos II (que dormía con un diente de san Isidro bajo la almohada) o María Amalia de Sajonia, y por otra parte, Felipe II se habría curado de un grave mal al beber de su fuente. 

El milagro de la Fuente del que antes hablábamos, con San Isidro y Don Juan de Vargas


Fue precisamente la emperatriz Isabel de Portugal, madre de Felipe II, quien, en agradecimiento al santo por curar a su hijo, mandaría edificar junto a la fuente la ermita de San Isidro.

La ermita


La gran primera fiesta tendría lugar, como antes decía, precisamente en 1619, año de la beatificación, en cuyo día 15 de Mayo, tuvo lugar la inauguración de la, recientemente construida, Plaza Mayor de Madrid.

La plaza mayor de Madrid


También en el 1622, se celebrarían grandes fiestas en Madrid con motivo de la canonización, que serían registradas por el insigne Lope de Vega


Con el Paso del tiempo, los restos de san Isidro irían pasando de la capilla de San Andrés a la corte con casi cada enfermedad, hasta que finalmente a lo que había sido el colegio imperial en tiempos de Carlos III, convirtiéndose en la colegiata de San Isidro, la que fue catedral de Madrid hasta que se consagró la Almudena a finales del siglo pasado.

La Colegiata de San Isidro


Precisamente, entre los siglos XVIII y XIX, sería cuando mayor fuerza tuvieron las fiestas de San Isidro, como bien reflejaba Goya en su pintura de la Pradera. Ricos y pobres, señores y majos, se reunían en la pradera para celebrar fiesta y beber De la Fuente mientras escuchaban canciones populares.

Las fiestas de San Isidro en el siglo XIX


Aunque, durante años, las fiestas salieron de la pradera para celebrarse en otros lugares, desde los años 40 se vuelven a celebrar allí, hasta este año, que por motivos de la pandemia que vivimos, tendrán que trasladarse en parte al IFEMA.


Sería, también, a mediados del siglo pasado, cuando el papa Juan XXIII consagraría a San Isidro como patrón del campo y de los labradores españoles, difundiéndose, si cabe, aún más su culto, que ya había sido llevado a Indias (tanto occidentales como orientales (Filipinas).

Vista de la pradera

Ese es el motivo por el que, cada año, se celebra en la hermosa pradera de San Isidro, que rodea la ermita y la fuente, las fiestas de San Isidro, en la que los madrileños se visten de majos, de chulapas, de época a fin de cuentas, para conmemorar esta fiesta de ese hombre que, obviando las connotaciones religiosas, era madrileño, en un momento en el que Madrid no era ni la más pequeña parte de lo que es ahora, y que difícilmente aspiraba a convertirse en la gran ciudad que es hoy, capital de España y una de las capitales de Europa

Las multitudes en la fiesta de San Isidro un año cualquiera 


Les recuerdo que me reservo los derechos de autor del texto, no así de las imágenes, ajenas a mi propiedad, cuya posesión reconozco a sus legítimos dueños.


Espero que les haya gustado, les mando un saludo a todos, muy particularmente a mis lectores madrileños. ¡Feliz San Isidro!


Santiago Ogando Pérez.




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