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La “música clásica”: Beethoven




Tal día como hoy hace 251 años, el 16 de diciembre de 1770, nacía en Bonn, Alemania, el que, pese a su sordera y sus dificultades, se convertiría en uno de los mejores compositores y músicos “clásicos” de la historia de la humanidad: Ludwig van Beethoven. En esta ocasión, quiero proponerles este ejercicio: ¿es todo lo anterior a lo que llamamos hoy en día “música moderna” realmente “música clásica”?



En primer lugar, recordarles que, como tal, el clasicismo musical abarca desde el año 1750, año de la muerte del gran compositor barroco Johann Sebastian Bach, hasta el año 1827, año de la muerte del extraordinario Ludwig van Beethoven, pese a que su última etapa ya tuvo un carácter mucho más romántico.


Johann Sebastian Bach, símbolo del Barroco

Con esto, quiero desengañar a mucha gente, pues se dice con mucha frecuencia por “el vulgo ajeno a la música” que todo lo anterior a lo “moderno” es música clásica. No, señores. La música clásica es la de este periodo. La anterior era la música barroca, la primera tonal. Y antes habían estado el Renacimiento con sus madrigales, el medievo con su gregoriano y sus modos o incluso en la antigüedad los archiconocidos modos griegos, aquellos del dórico o del mixolidio...).


Palacio de Versalles, símbolo del clasicismo


Y, si me lo permiten, voy a avanzar aún más en mi instrucción: como quizás sepan, el resto de los clasicismos coetáneos al musical (pintura, arquitectura, escultura, teatro...) pretendían asemejarse a los de la Grecia y la Roma clásicas. 


Los modos griegos, con intervalos diferentes de las escalas mayor y menor modernas

Sin embargo, el clasicismo musical no se inspiró en la música griega por, sobre todo, dos motivos: uno, porque, como decía antes, la música griega no era una música como la que conocemos hoy en día (hoy es tonal, donde todas las escalas, según sean mayores o menores, suenan igual sin importar la nota desde la que se empiece; otrosí, la música modal griega y medieval, según la nota por la que empezase, la escala tenía un sonido diferente, acomodándose todas las notas, por llevarlo al lenguaje musical actual, a los bemoles y sostenidos de la tónica con la que empezamos). Y el segundo motivo, porque casi no se conocía en la época esta música, con lo que la música griega no se parece que la clásica.


Típico grupo de cámara del siglo XVIII


Fue, precisamente, esa música clásica, resultado de las nuevas tendencias italianas, herederas del barroco vivaldiano, más las influencias del barroco alemán que se iban reformando con los hijos de Bach, con un primer estilo hacia el rococó, que se mezclan en el contexto de la ilustración, cuyo centro era la razón y la perfección.


Vivaldi, con Bach, otro de los símbolos del Barroco


De ese modo, era una música con una gran claridad armónica (en la que predominaba el modo mayor, frente al menor que dominaba en las mejores obras barroco), una gran perfección y rigidez formal, con unas formas claramente establecidas, en las que destacaban la sonata, la sinfonía, los conciertos o las óperas, y un fuerte sentido del ritmo, con un compás claro y preestablecido, y con gran uso de la variedad instrumental (violín y los de cuerda frotada, vientos, o el reciente piano, que antes solo existía su predecesor, el clavicembalo o clave).


Orquesta Barroca con el Clave


En fin, como habrán visto, aunque hay mucho desconocimiento en cuanto a la música clásica, algo siempre se sabe. Seguramente, si ahora les pidiera que me dijeran el nombre de un compositor clásico, hallaría, mínimo, una respuesta de la mayoría de ustedes: Wolfgang Amadeus Mozart.


Disposición de los instrumentos en la orquesta sinfónica clásica

Y, efectivamente, estarían en lo cierto. Si hay un prototipo de músico clásico, ese es Mozart. Uno de esos “músicos por herencia”, pues su padre, Leopold, también lo era, y de cierta fama. Eran aquellos músicos “poliinstrumentistas”, que tan bien se ponían a tocar la más compleja sonata al piano que actuaban como concertino (primer violín) en una extraordinaria sinfonía para orquesta.


El inigualable Mozart. Como curiosidad, Mozart y Bach, tan prolíficos ambos, fueron los únicos compositores cuyas obras no son numeradas por la fórmula Opus (Mozart como KV1, 2...; y Bach por BWV1, 2...).


Mozart fue un niño prodigio: desde muy pequeño fue hiperestimulado para que, con su talento y unas horas de trabajo extraordinarias, tuviese un virtuosismo al que, quizá, nadie después se haya acercado. Esto, sumado a su prolifiquísima composición entre arias, nocturnos, sonatas, conciertos, cámara o sinfonías, y a su pronta, pobre y espúrea muerte, creó sobre su persona una leyenda inefable, hasta ahora, imposible de alcanzar.


El Niño Mozart en Versalles


Mozart, como tantos otros músicos, austriaco además, se dedicó al “servicio” de nobles, reyes y emperadores pues, al final, era en las cortes, en los palacios, donde se tocaba la música. Desde que tenia 5 años, tanto el como su hermana Nannerl, fueron llevados por todas las cortes europeas como niños prodigios, pasando por París, Viena, Londres o Roma, causando la admiración del papa, el rey Jorge III o la Emperatriz María Teresa.


Leopold Mozart, padre del genio


Su padre era maestro de cámara en la corte de Salzburgo, su ciudad natal austriaca (era una corte arzobispal, es decir, el señor de la ciudad era un Arzobispo), y a los 17 años el también entró al servicio del Obispo. Como era frecuente las rencillas, acabaría en Viena al servicio de los emperadores, y entre penurias vitales y económicas, como tantos otros músicos moriría.


Joseph Haydn

El otro gran músico y compositor clásico por excelencia fue Joseph Haydn. También austriaco, es considerado el padre formal del clasicismo, rey de la sinfonía y de la música de cámara. Trabajo también, como tantos otros músicos, como maestro de capilla y de cámara de varios nobles vieneses. 


El problema residía en que, como estaban al servicio de la nobleza y de la Iglesia, muchas veces tenían que componer lo que sus señores les pedían o exigían. El músico clásico, por muy compositor y por muchas giras que diera, estaba muy lejos de lo que es un músico actual, sin tener autonomía (que aún no se tiene mucha, las compañías son las nuevas señoras de los músicos), teniendo que depender de una figura muy típica: El Mecenas.


Cayo Mecenas, noble Romano de la época de Augusto, protector de las artes, de cuyo nombre derivó el término “Mecenas”

Habida cuenta de esto, buscarse un mecenas que tuviera cierto dinero era primordial en los músicos: Bach (aunque no era clásico sino Barroco), con Federico de Prusia, Mozart con el Arzobispo de Salzburgo... y así tantos otros.


El que cambiaría esto, como la propia música clásica, sería el propio Beethoven. Si bien empezó como músico clásico (en su primera etapa, el propio Mozart dijo que “este chico daría qué hablar”), escribiendo, en sus diferentes etapas con una clara y marcada línea de evolución, hasta 32 fabulosas sonatas, asociado a varios mecenas que lo sufragaban durante su primera etapa, pero algo cambió.


Beethoven


Con la muerte de sus principales mecenas, y con miedo a que muriera en la pobreza como Mozart, se le otorgó una pensión por parte de la aristocracia austriaca, de manera que se convirtió en el primer músico independiente de mecenazgo.


Con Beethoven, el clasicismo se haría más vivo, más heroico, con más matices que aquella música tan formal y tan perfeccionista clásica no llegaba a vivir, no llegaba a alcanzar.


La más pura esencia romántica


Beethoven fue capaz de, en sus composiciones, unir esos formalismos cuasi perfectos del clasicismo con la viveza, los matices, la fuerza, la fantasía que el naciente Romanticismo que Goethe o Lord Byron empezaban a representar en la literatura.


Así, esa música clásica de corte y palacio, de mecenas y sonatas ternarias, dejaba paso a un nuevo mundo de romances, de lieds, de compositores Bohemios como Chopin, Schubert o Liszt, que se desharían de la rigidez del clasicismo para pasar a la libertad que el romanticismo representaba, y que después se abriría aún más para dar paso al impresionismo y las vanguardias musicales.


Fréderic Chopin, romántico por excelencia

Espero que les haya gustado este paseo por la historia de la música pues, como dijeron alguna vez, la música es el alimento del alma.


Les recuerdo que el texto está sujeto a mis derechos de autor, no así las fotos, que son ajenas a mí, cuya propiedad afirmó es de sus legítimos propietarios.


Les recuerdo, por cierto, que ahora he empezado con este blog una cuenta de instagram: https://www.instagram.com/p/CO7qk4Tskfs/?igshid=giyd79cozxt1


Muchas gracias por su atención, les mando un saludo.


Santiago Ogando Pérez.






Comentarios

  1. Me ha encantado este paseo por la historia de la música clásica y sus grandes intérpretes, muy interesante además de ameno.
    Ya de pequeña escuchaba música clásica en casa y ahora, de adulta, puedo apreciarla aún más. Gracias por tan sublime post.

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  2. Muy buen y esclarecedor artículo sobre el Clasisismo musical y uno de sus más altos exponentes.

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