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El Carlismo y el origen de los guiris


Como me han pedido particularmente un resumen corto de una etapa de la Historia de España, hoy les voy a hablar sobre el Carlismo, para que los españoles conozcan mejor este momento tan importante de nuestra historia, y los que no son de aquí (hispanos, etc.) tengan más facilidad para entender este periodo de la historia metropolitano, una vez nuestros caminos ya estaban separados. 


Para los que quieran ver solo el origen del término guiri sin profundizar en la historia del Carlismo, pueden hacerlo en mi resumen en instagram pinchando el siguiente enlace:


Cruz de Borgoña, signo de la España Antigua

Fue un conflicto en la que la España antigua, la de los señoríos, mayorazgos, monasterios y gremios, se enfrentaba a la España moderna, con los profesionales liberales, los primeros capitalistas salvajes, los señoritos de Madrid que venían a comprar las viejas heredades y las nuevas compañías que venían a hacer temblar los cimientos de los antiguos usos y fueros, teniendo, de por medio, conflictos que, hoy en día, se calificarían entre machistas y retrógrados.


Pero primero, quiero hacerles un descubrimiento “poco convencional”.

Benidorm, la meca de los “guiris”


Hoy les quiero hablar también de un término que usamos al hablar en español muy a menudo, sobre todo en el verano, cuando vemos allá llegada de los turistas extranjeros: decir que alguien es “un guiri”.


Y no es precisamente un término positivo, más bien es algo despectivo, hacia esos turistas, principalmente del norte de Europa, que, para muchos, vienen a nuestro país solo a emborracharse y quemarse al sol. 


Las guerras Carlistas


Pero el término “guiri”, al contrario de lo que muchos podrían pensar, tienen una explicación histórica muy importante, que marcó la historia del país durante casi todo el siglo XIX, y es que viene del Carlismo.


Como quizá sabrán, el Carlismo fue (y aún es, aunque testimonialmente) un movimiento político absolutista y tradicionalista español, basado en los valores de Dios, Patria, Rey y Fueros antiguos, que nació a principios-mediados del siglo XIX frente a las nuevas costumbres liberales que amenazaban “las gloriosas costumbres y los divinos destinos” de nuestra patria.


Don Carlos V


Su nombre proviene del infante Carlos María Isidro de Borbón (más conocido por Don Carlos), quien se opuso, tras la muerte sin hijos varones de su hermano mayor, el Rey Fernando VII, a reconocer la Pragmática Sanción que liberaba la sucesión al trono de la “Ley Sálica”, esa ley que impedía a las mujeres acceder al trono, y que como Fernando VII solo tenía dos hijas hembras y ningún varón, tuvo que abolir para que la mayor, Isabel II, subiera al trono.


Fernando VII

A la muerte del Rey, Don Carlos, que había sido exiliado a Portugal, se levantó contra su sobrina, y se hizo proclamar Rey Carlos V de las Españas, por la gracia de Dios. Lo apoyaban los absolutistas, los grandes nobles y buena parte de los hidalgos, los clérigos, la gente de los pueblos y los “nostálgicos” de otros tiempos, que tenían miedo a que los liberales barrieran de una vez por todas sus privilegios, que ya habían ido menguando en lo que iba de siglo desde la Guerra de la Independencia. 


Isabel II, la Reina Niña


Mientras, en Madrid la pequeña Isabel II, de tres años, era proclamada Raina con la regencia de su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, la Reina Gobernadora. Aunque no era precisamente de ideas liberales, se rodeó de ellos para que guardaran el trono de su hija, pues los absolutistas estaban casi todos con Don Carlos.


Espoz y Mina


Los liberales eran, en principio, guerrilleros veteranos de la Guerra de Independencia convertidos en grandes generales, como Espoz y Mina, y otros militares que se habían visto represaliados por el propio Fernando VII, unidos a los afrancesados que se habían tenido que exiliar.


Fue, así, una relación simbiótica la de María Cristina con los liberales, que pese a quitarle poder a la monarquía aprobando una constitución, veía al menos sus derechos protegidos.


Ahí tienen los principales núcleos: Pais Vasco, Navarra, Cataluña y el Maestrazgo


Dónde más presencia tuvieron los Carlistas fue, en general, en todo el Norte de España, y sobre todo, en el País Vasco, Navarra, las montañas catalanas y el Maestrazgo en Aragón, así como algunas montañas por el Sur. 


Moneda acuñada por Don Carlos

Tenía tanto apoyo entre los vascos y navarros porque ellos tenían unas leyes ancestrales, los fueros, distintos a los de Castilla, y los Carlistas les ofrecían mantenerlos junto a las viejas costumbres, religión y esperanzas, y Don Carlos estableció su corte en distintos puntos de Navarra y el país Vasco mientras duró la guerra.


¡Detente, Bala!

Además, su defensa a ultranza de la Fe católica les dio el apoyo de la Iglesia, al menos de la más tradicional. Tanto fue así, que encomendados al Sagrado Corazón de Jesús, llevaban en el pecho esa medalla que decía algo como “Detente, Bala, el Sagrado Corazón de Jesús está conmigo”. Varios “eruditos” lo atribuyen al franquismo, pero es falso: viene de las Guerras Carlistas, y de sus partidas Vascas y Navarras.


Fue precisamente de los vascos de donde sale la palabra Guiri: como antes decía, aunque la Reina de los liberales era Isabel II, la gobernadora era su madre, María Cristina, por lo que los liberales eran llamados “Cristinos”. 


María Cristina de Borbón-Dos Sicilias


La fonética vasca suele sonorizar y separar estos dígrafos (cr), llamándolos en Vasco “Guiristinos”, considerándolos extranjeros, ajenos a ellos. Como abreviatura de Guiristino llegó Guiris, considerándolos foráneos. Por eso hoy en día nosotros llamamos guiris a los extranjeros a nosotros, aunque hace años nos lo llamáramos unos a otros, los Carlistas a los Liberales, los vascos a los ajenos.


Don Tomás de Zumalacárregui


Y volviendo a la historia: el principal general carlista era, precisamente, el Vasco don Tomás de Zumalacárregui, y mientras el vivió, el Carlismo tuvo importantes victorias. Sin embargo, su muerte en el sitio de Bilbao por una herida mal curada fue el principio del fin de la primera guerra carlista. Esto supuso un gran giro a la guerra.


Baldomero Espartero, príncipe de Vergara


Poco después de la muerte de Zumalacárregui, el gran general liberal Don Baldomero Espartero, un hidalgo manchego, derrotó en la Batalla de Luchana, cerca de Bilbao, al ejército carlista, acabando con sus esperanzas de tomar la ciudad.


Batalla de Luchana


Lo siguiente que harían los Carlistas sería intentar expediciones para sublevar el resto de territorios que no fueran los antes dichos: mandaron una al oeste, para sublevar Galicia, León, Asturias, Cantabria... sin un éxito precisamente rotundo, y al Este, donde unidos al famoso Cabrera en el Maestrazgo, se dirigieron al sur (La Mancha, Andalucía...). Tampoco resolvió mucho.


La Expedición Real


Pero sin duda, el gran fracaso de la Primera Guerra Carlista fue la Expedición Real de 1837: los Carlistas con el Rey pretendieron dirigirse a Madrid para tomar la ciudad en un intento desesperado, donde tenían planeado ir levantando a la gente por los pueblos por los que pasaran. Fue un fracaso, y tuvieron que salir huyendo perseguidos por Espartero.


De ahí en adelante, ese primer Carlismo iba fracaso tras fracaso, por lo que eran llamados los “ojalateros”, solo decían ojalá, ojalá...


Abrazo de Vergara


Poco después, consiguió el mando militar Carlista el general Maroto, que acabaría firmando la Paz con Espartero en el famoso Abrazo de Vergara, poniendo así fin a la Primera Guerra Carlista, marchando don Carlos al exilio.



Al poco tiempo, María Cristina sería exiliada, quedando Espartero como regente (famoso por su bombardeo de Barcelona), y en 1843, Isabel II sería nombrada ya Reina de hecho y mayor de edad a los 13 años. Y como ya era, al menos para ellos, una mujer, fueron pensando en casarla, y como era costumbre en los Borbones, buscaron un Primo.


Isabel y Francisco


El candidato fue Francisco de Asís de Borbón, hijo del hermano pequeño de Fernando VII y Don Carlos, el infante don Francisco de Paula, que además, estaba casado con la hermana de María Cristina, por lo que los esposos eran primos carnales maternos y paternos.


Ramón Cabrera

El problema fue que los Carlistas como Cabrera, algunos liberales moderados y el propio don Carlos querían que la reina se casara con su otro Primo, el hijo mayor de Don Carlos: Don Carlos Luis, conde de Montemolín, sobre el que su padre abdicó los derechos al trono en 1845.


Don Carlos VI, Conde de Montemolín


Así, cuando en 1846 se frustraron los planes de la boda Carlista con el matrimonio de la Reina con don Francisco de Asís (quien, según se dice, era homosexual). 


Fue entonces cuando Cabrera y otros Carlistas se alzaron en Cataluña, ahora bajo el nombre de “Montemolinistas”, en nombre de Carlos VI, en el llamado conflicto de “Els matiners”, los madrugadores, pues al ser 10 veces menos guerrilleros Carlistas que militares “regulares” liberales, les hacían emboscadas por la mañana temprano.


Els matiners


Aún así, el nuevo Don Carlos no pudo ni entrar en España, siendo detenido en la frontera, y aunque tuvo cierto apoyo también en Extremadura y Castilla, resultó en un nuevo fracaso. La monarquía Isabelina se consolidaba en sus primeros años. Para muchos historiadores, esta guerra ni se considera como tal, obviando el término de segunda Guerra Carlista, o dándoselo a la futura tercera.


El caso es que, debido a los virajes que la Reina daba políticamente, según se dice debido al amor que le profesará uno u otro de sus generales (los llamados espadones), perdió muchos apoyos, y en los años 60 del 1800, su posición titubeaba fuertemente.


Antonio, duque de Montpensier 


Y empezaron a postularse nuevos candidatos al trono: por un lado, estaba su cuñado, que tantas veces nombré: el duque de Montpensier, marido de la Infanta Luisa Fernanda, única hermana de Isabel II. Y el otro era el pretendiente Carlista. 


Carlos VI (Montemolín), tras varios intentos de alzamientos frustrados, murió sin hijos en 1865. Fue sucedido en sus derechos por su hermano Juan, de ideas liberales, por lo que abdicó en 1868 en su hijo Carlos María, el futuro “Carlos VII”.


Don Carlos VII


La Reina fue destronado ese año por una revolución democrática, La Gloriosa, y se instaló un gobierno provisional dirigido por el general Serrano, Prim y otros. Estos, al cabo de dos años, hicieron una votación parlamentaria para ver a qué Rey subían al trono de España.


El general Prim


El duque de Montpensier había recientemente perdido todas sus opciones, tras matar en duelo de honor al infante Enrique, hermano del consorte Francisco de Asís. Prim hizo campaña a favor del príncipe italiano Amadeo de Saboya. Se habían postulado también el portugués Fernando de Coburgo, pariente de las casas reales inglesa y belga; y Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen, pariente del emperador de Alemania, de quien los españoles se mofaban llamándole “Ole ole si me eligen”. Cosas demasiado castizas para Europa.


Amadeo I de España


Tras la votación, salió electo Amadeo de Saboya, pero Don Carlos tenía el apoyo de, por ejemplo, liberales moderados. Así, y a pesar de la muerte trágica de Prim, Amadeo se convirtió en Rey de España. 


Y aunque para muchos fue la llegada de la monarquía moderna y democrática, para muchos otros significaba el fin de privilegios ancestrales, de viejas prerrogativas e instituciones símbolo de un país.


Acción durante la III Guerra Carlista


Por todo eso, en 1872, dio inicio la tercera guerra Carlista, en nombre de Don Carlos VII. Este, para conseguir más apoyos que los típicos de Navarra y las provincias vascas, abolió los Decretos de Nueva Planta con los que Felipe V, el primer Borbón, había suprimido los fueros de la corona de Aragón. De ese modo, consiguió que se levantaran también Cataluña y Aragón con Cabrera en el exilio. Consiguió, además, cierto apoyo en las montañas y zonas rurales del Sur.


Focos de la Tercera Guerra Carlista

Este levantamiento consiguió minar la monarquía Saboyana, llevando a Amadeo a la renuncia, a la voz de que: si fueran extranjeros los enemigos de la patria, sería él en primero en combatirlos; pero siendo propios los levantados, nada haría. Irónico punto de vista, desde el extranjero guiri para los Carlistas, a los compatriotas...


Sátira de la Primera República


En fin, pasaría la Primera República y tampoco conseguiría librarse de los Carlistas, que hacían desoladoras campañas por el norte, mientras Cuba se levantaba al otro lado de la mar océana, y las ciudades del Sur como Cartagena amenazaban con la independencia.


Alfonso XII


Sería la restauración de la monarquía borbónica en la persona del hijo de Isabel II, Alfonso XII, la que, con acciones como la toma de Estella del general Primo de Rivera (tío del famoso dictador, y tío abuelo de José Antonio), o las caídas de los distintos batallones Carlistas por Navarra, que forzó la salida de Carlos VII y demás Carlistas por los Pirineos, y la consolidación de la Monarquía Alfonsina.


Don Carlos VII


Pasarían los años y el Carlismo se quedó como un asunto testimonial, sobre todo desde que el PNV de Sabino Arana se convirtió, desde 1895, en el nuevo adalid de los Fueros Vascos.


Don Alfonso Carlos, último pretendiente Carlista legitimista


Tan irónica se hizo la situación que, en 1936, la rama masculina de Don Carlos quedó extinta con la muerte del último pretendiente varón, don Alfonso Carlos (hermano pequeño de Carlos VII), por lo que su reclamación original (la exclusión de la mujer al trono) quedaba desaparecida. 


Retrato de Franco con la boina roja


Sería precisamente en ese momento cuando, con la guerra civil, los Carlistas, ahora llamados Tradicionalistas o Requetés, se unieron al Alzamiento Nacional y se convirtieron en parte del régimen de Franco, de quien el mismo general tomó la Boina Roja, convirtiendo a los Carlistas en un símbolo del régimen al fundir los dos partidos que lo apoyaban aprovechando la muerte de sus líderes (José Antonio y d. Alfonso Carlos), la Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas con los Tradicionalistas, creando la Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS), luego Movimiento Nacional.


Carlos Javier de Borbón-Parma


En fin, en la actualidad la sucesión Carlista pasó de dos maneras: una, la legítima, habría pasado al propio Alfonso XIII (al extinguirse la rama de don Carlos María Isidro, el siguiente hermano varón de Fernando VII y de Don Carlos era don Francisco de Paula, su visita abuelo paterno, al menos en teoría), y las dos líneas se hubieran fundido. Sin embargo, los tradicionalistas reconocieron a la rama Borbón-Parma, siendo Carlos Javier de Borbón Parma el actual Don Carlos como heredero del desaparecido ducado de Parma (su abuelo, don Javier de Borbón-Parma, era sobrino de Carlos VII).



Espero que les haya gustado esta publicación y, ojalá, servido para descubrir muchas cosas interesantes sobre el Carlismo y la Historia de España. 

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Santiago Ogando Pérez.





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