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Don Juan Carlos y Doña Sofía: 59 años de matrimonio


El día 14 de mayo del año 1962, hace hoy 59 años, contraían matrimonio en Atenas dos príncipes de dos europeos: él era el, por aquel entonces, Infante de España, don Juan Carlos, Juanito, de Borbón y Borbón dos-Sicilias, y la princesa griega Sofía, ambos de 24 años.


Así que hoy quiero hacerles un análisis objetivo de las bodas (luego engendran el plural), así como de sus antecedentes, sin meterme en opiniones ni actualidad, pues no procede.


Del mismo modo que ahora la situación está invertida, existiendo de hecho la monarquía española y no la griega, en aquel momento todo era al revés. 

El infante “Juanito”

Don Juan Carlos no era más que uno de tantos principitos exiliados, hijo del heredero de la corona española, Don Juan, Conde de Barcelona, hijo, a su vez, del último rey, Alfonso XIII, y de su mujer Victoria Eugenia de Battenberg, que le hacía descendiente de la Reina Victoria; y de la princesa Doña María (de las Mercedes) de Borbón-Dos Sicilias y Orléans, descendiente de los reyes de las Dos-Sicilias por parte paterna y de Luis Felipe I de Francia por la materna. 

Sus padres, los condes de Barcelona, Don Juan y Doña María. Tenía tres hermanos, las infantas Doña Pilar y Doña Margarita, y el Infante don Alfonso.


Mucha genealogía, pero al final, así había muchos príncipes en su época. Alfonso XIII hacia 30 años que había sido destronado. Lo único que lo diferenciaba era que Don Juan Carlos, frente a otros herederos, sí que tenía posibilidades de volver. Y es que Franco ya lo estaba educando en España, con lo que tenía todas las papeletas para ser su sucesor. Aún así, hasta 1969 nada quedó “atado y bien atado”.

La joven doña Sofía 


Sin embargo, Doña Sofía era Royal “en vigencia”. Era la hija mayor del Rey Pablo I de Grecia, el quinto rey de los Helenos, bisnieto de la reina Victoria por su hija, la princesa real; y de la Reina Federica de Hannover, bisnieta también de la princesa real, y por ende, de la Reina Victoria.

Doña Sofía con sus padres y hermanos (el Rey Constantino y la princesa Irene)


Eran Don Juan Carlos y Doña Sofía, por tanto, primos terceros por un lado, y tío y sobrina cuartos por otro. Les remito a mi texto sobre la consanguinidad de la casa real: 


Pero volviendo a la pareja, recordemos que, además de en típicos eventos reales, los había hecho coincidir, junto con otros príncipes reales y exiliados, la Reina Federica de Grecia, en unas vacaciones en el yate real Agamenón en 1954, años antes de comprometerse ni casarse, para que los royals se fueran conociendo.

Imagen del Agamenón, donde podrán reconocer a Don Juan Carlos o a la emérita Beatriz de Los Países Bajos.


Aunque Don Juan Carlos estaba con la princesa italiana María Gabriela de Saboya, y Doña Sofía parecía estar bien con el futuro Harald V de Noruega, no llegaban a formalizar con los otros. 


Sería en la boda de los Duques de Kent parece que saltó la chispa entre el infante español y la princesa griega.


La pedida en la boda de la reina Doña Victoria Eugenia


Al final de ese verano, se celebró la pedida oficial con la presencia de los padres de ambos, y la reina Victoria Eugenia de España, abuela del novio, en la villa que esta tenía en Lausanne, Suiza.


Sería el día 14 de mayo del año siguiente cuando sucedió uno de los últimos grandes actos de la monarquía griega: la triple boda del infante Don Juanito de España y la princesa Sofía de Grecia y Dinamarca. 

Doña Sofía, del brazo de su padre, el Rey

Y sí, triple boda. 


Esto se debe a que, como la monarquía española era (y aún es, de nombre al menos, y en privado parece que también) católica, y la monarquía griega, ortodoxa.


Franco, el jefe del estado español, era ferviente católico, y aunque al principio mostró cierta reticencia, aunque acabó aceptándolo, sin darle demasiada prensa (recordemos que aún no era el “Príncipe de España”.



Lo cierto es que parecía una boda de cuento, donde la pequeña princesita, la hija del rey, se casaba con un principe extranjero, a modo de príncipe azul. Y la ceremonia y los banquetes estuvieron, como poco, a la altura.




Con la venia de Juan XXIII, y con la condición de que se convirtiera al catolicismo, se celebró primero la boda Católica en la Catedral de San Dionisio.


Luego, a la catedral mayor ortodoxa de Atenas, donde tuvo lugar la gran ceremonia, con el clásico intercambio de coronas de las bodas reales ortodoxas.


Finalmente, sucedió la unión civil, en la que, en criterios típicos de nombre de los príncipes europeos, se convertirían en “SSAARR El Príncipe y la Princesa “Juanito” de España”.


En fin, lo que pasó después se bien sabido. El rey Pablo moriría al año siguiente, y le sucedería su único hijo varón, Constantino, el hermano de la reina Sofía. 

El rey Constantino y su esposa, la, por nacimiento, princesa Ana María de Dinamarca


Tras tantas celebraciones, a los cuatro años sucedería una revolución, el golpe de los Coroneles, que llevaría a la caída de la monarquía helena.


Entre los argumentos estaba, al parecer, además de la inestabilidad política, todo el gasto que la familia real hacía en ceremonias, como la boda, la celebración de los 100 años de la monarquía griega el año de la propia boda, o la boda de Constantino con Ana María, mientras el pueblo pasaba dificultades. También, la campaña que se hizo contra la Reina Federica por, presuntamente, entrometerse en política, le pasó mucha factura a su hijo.

Los príncipes de España y sus hijos


En cuanto a Don Juan Carlos y Doña Sofía, tendrían tres hijos: La infanta Doña Elena (1963), la Infanta Doña Cristina (1965) y el Rey de España, don Felipe (1968).


Don Juan Carlos, tras haber tenido ya un heredero varón, sería nombrado por Franco príncipe de España y sucesor en la jefatura del estado a título de Rey, que llegaría con la muerte del general Franco en 1975.

Proclamación de Don Juan Carlos como Rey


No me voy a meter en la situación actual, porque no ha lugar en este texto, así que les invito a que intenten excusar comentarios de corte político, pues esta pretende ser una publicación histórica, lo más apolítica e imparcial posible aunque, cuanto más se acerca uno a la actualidad, más convergen historiografía y periodismo.


Les recuerdo que el texto está sujeto a mis derechos de autor, y se pasó reconozco la propiedad, ajena a mí, de las fotos, a sus respectivos dueños.


Así que lo dicho, espero que les haya gustado, muchas gracias, les vuelvo a invitar a que se suscriban si les interesa.


Santiago Ogando Pérez.


Comentarios

  1. Que buena ilustración, me encanta y es historia

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  2. ¡muy interesante, pienso que soy contemporánea de todos estos eventos!!!

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