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Inés de Castro: Amor en el trono más allá de la muerte



Hoy quiero recordarles una historia tan bonita y tan triste como fue la de Doña Inés de Castro, reina post-mortem de Portugal, esa que, según la leyenda, fue muerta antes de que su marido fuera rey, y después su marido haría desenterrar para que toda la corte le jurase lealtad. Espero que les guste.


Para los que prefieran, pueden ver solo el resumen en mi cuenta de instagram @historiasporlahistoria , aquí tienen el enlace:

 https://www.instagram.com/p/CPAzhxEssBC/?utm_medium=copy_link


Pero la verdad es que hoy quisiera explicársela más al pormenor, no con los mismos cuentos y leyendas de siempre, sino con datos.


Los amores del Rey Don Pedro y Doña Inés


Primero me van a permitir un pequeño apunte genealógico.


Viajemos a la Galicia del siglo XIV. Reinaba en Castilla, León y Galicia el pequeño Alfonso XI, de 9 años, en medio de regencias y disputas políticas entre diversas facciones y familiares suyos que se disputaban el poder. Uno de los ricohombres del reino era el gran Pedro Fernández de Castro, “el de la guerra”. Era hijo del señor de Lemos, un noble muy importante de Galicia, y de doña Violante Sánchez de Castilla, hija del rey Sancho IV el bravo.


Su padre, Don Pedro Fernández de Castro

Esto hacía a Doña Inés De Castro ni más ni menos que sobrina Segunda del rey Alfonso, pues su padre, don Pedro, y el rey eran primos carnales (aunque de diferente abuela, pues doña Violante no era hija de la reina, la famosa doña María de Molina, de la que pronto haré otro post).


Sancho IV el Bravo


Don Pedro, cuando murió su padre siendo él niño, fue enviado por su madre a Portugal, al cuidado de un ayo. Allí empezarían las relaciones de su familia con Portugal (obviando la ascendencia de reyes portugueses que tenía su abuelo el rey don Sancho), pues tiempo después tendría hijos con la hija de su ayo, Aldonza Lorenzo de Valladares, y una de ellas, al parecer, sería Doña Inés.


Doña Inés


Doña Inés nació, según se dice, en la provincia de Ourense, hacia 1320. Como decíamos, estaba muy relacionada con la familia real castellana. Como familiar del rey, también estaba emparentada con la familia de Don Juan Manuel (el famoso escritor de “El conde Lucanor”, sobrino de Alfonso X). El infante Don Juan Manuel tenía una hija, Constanza, y parece ser que con ella vivió parte de su infancia en el castillo que él tenía en Peñafiel. 


Estatua fúnebre se Doña Inés


Un tiempo después, su pariente y aparente amiga Doña Constanza decidió tomar estado, y fue ni más ni menos que con el infante heredero de Portugal, Don Pedro, hijo de Alfonso IV de Portugal, y Doña Inés fue con ella como dama de compañía, una figura llamada “dama parente”. El problema residió en que el infante se quedó, según las crónicas, fulminantemente enamorado de doña Inés, para los celos de doña Constanza y, según se dice, pronto se hicieron amantes.

Doña Constanza Manuel de Villena, reina de Portugal


Después de tener a su hijo, el infante Fernando, futuro rey, Doña Constanza murió en otro parto poco después. Esto fue una bendición, con todo el respeto, para los dos amantes. Ya no tenían obstáculo, pues ser amante de un hombre casado era algo terrible, y más para alguien de su alcurnia, y aún por encima pariente más o menos cercana de la mujer de su amante. 

Fernando I de Portugal, hijo de Pedro y Constanza, último rey de la casa “legítima” de Portugal 

El caso es que dejaron esperar 9 años, por respeto a su esposa y antigua compañera Constanza, y después se casaron clandestinamente. La realidad es que en ese momento los reyes tenían amantes frecuentemente, las famosas barraganas por ejemplo, pero solían ser de extracción social algo más baja, de la pequeña nobleza o incluso del pueblo llano, o moras conquistadas.

Su hijo, Don Juan, I Duque de Valencia de Campos


Tendría de este matrimonio varios hijos, entre ellos el duque de Valencia de Campos o la infanta Beatriz, condesa de Alburquerque. 

Su hija, la infanta Beatriz


El problema llegó cuando el Rey Alfonso IV de Portugal, viendo la influencia de Doña Inés sobre su hijo y la gran influencia que estaba teniendo la casa De Castro sobre Portugal, decidió convencer a unos señores del reino y asesinarla en la Quinta das Lágrimas de Coimbra en 1355. 

Jardines de la Quinta das Lágrimas 


Esto causaría la ira incontrolable del infante Pedro. El rey los protegería hasta su muerte, y por ese motivo, su hijo nunca perdonaría a su padre. Cuando fue rey, consiguió que el rey de Castilla le mandara a los asesinos de su esposa, que estaban allí huidos, y los mató muy cruelmente,  arrancándoles vivos el corazón. 


El asesinato de Doña Inés


La leyenda ya la conocerán, y ven la imagen abajo. Don Pedro, vengando los ultrajes que se habían cometido hacia su eterna doña Inés, habría hecho sentar a su mujer en el trono a su vera, haciendo que los nobles y ricohombres del reino le besaran la mano descompuesta de su amada, y, así, se llevase por fin el puesto que merecía, como su reina de Portugal. 


Simplemente quisiera terminar con el final de un romance que cantaban hace muchos años en mi tierra, en Galicia, donde la recordaban por Caralinda:


Pasó por allí el rey

que venía de cazar

“¿De quién es ese entierro

de tanta gente a llorar?”

“Este es de Caralinda,

cara de un lindo cristal”.

“La muerte de Caralinda,

yo la tengo que vengar, 

los hijos de Caralinda, 

mi palacio han de andar”.


Detalle del sepulcro de Doña Inés.


Y una historia tan bonita tuvo un final acorde: Don Pedro hizo construir dos sepulcros, cuyos pies estuvieran viéndose. Enterráronse juntos, así, los dos amantes, esposos, reyes, ahora unidos para toda la eternidad, de modo que, así, lo primero que vieran cuando llegara la Resurrección de los Muertos fuese, cada uno, su sempiterno amor.


De nuevo, les recuerdo que me reservo los derechos de autor del texto, así como reconozco a los respectivos dueños de las imágenes su propiedad.


Espero que les haya gustado, muchas gracias por su atención y un saludo. Créditos a los propietarios de las fotos.


Santiago Ogando Pérez.

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