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El Ribeiro, allí donde el vino es el padre del arte



El vino del Ribeiro, originario de la comarca homónima situada en el corazón de Galicia, ha sido desde la época Romana uno de los vinos más cotizados del mundo. Tanto es así que fue el que Colón portaba en sus carabelas para ser el primero en llegar a América. Además, es el vino regulado (lo que podríamos considerar antecesor ad hoc de las denominaciones de origen) más antiguo de España, desde el Siglo XVI.

Cartel del vino del Ribeiro de este año pasado

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El que prefiera, puede leer solo el resumen gráfico en mi instagram @historiasporlahistoria siguiendo este enlace:



El Ribeiro, destacado en oscuro frente al resto de las Denominaciones de Origen Vitivinícolas españolas


El vino, como es bien sabido, ha sido, desde hace miles de años, uno de los pilares en la vida del ser humano, y ha actuado como motor del comercio de todo el mundo y en todos los tiempos: desde la ruta de la Seda a Roma pasando por el río Nilo. 


Una cepa con un racimo de uvas, de las que después sale el vino al fermentar.


Y entre tantos sitios, llegaría el vino al Ribeiro, una comarca de la provincia de Ourense, en Galicia, la cual es la zona de España, y quizá de Europa cuya producción de vino y limites de su cosecha lleva más tiempo regulada. Allí, desde hace cientos de años, el vino da de comer (y de beber) a la gente, y con su comercio ha ayudado a levantar una economía a lo largo de los siglos que nos lleva a convertirse en una de las zonas con más obras de arte, ya religioso, ya civil, de Galicia, y si me apuran, de España. 


Viñas en Lentille (Cenlle)


El Ribeiro tiene la suerte de ser una tierra tan rica en vino y naturaleza como en historia y arte, llevado a su máximo esplendor en los palacios nobiliarios (pazos y casas grandes), monasterios e iglesias, que son un vivo reflejo de la bonanza o no de las cosechas de cada época, según el estilo artístico que más predomine. Les expongo la historia del vino, y en particular de la historia del del Ribeiro, llena de grandes figuras y apasionantes viajes. Acompáñenme a verla, y espero que les conquiste tanto como a mí.


Viñas en ladera, en Trasariz


En primer lugar, permítanme que les hable del Ribeiro, Esta pequeña comarca en el corazón de Galicia es una tierra de valles que rodean impresionantes laderas, que con mayor o menor pendiente, se han visto a lo largo de la historia modificadas por los bancales, llamados “sucalcos o socalcos”, con los que nuestros ancestros sorteaban la inclinación plantando sus cepas, dejando un paisaje idílico. Lo forman muchos ríos, siendo destacables de ellos los mayores: el Miño, sus afluentes el Avia, el Arnoia y el Barbantiño, y el Arenteiro como afluente del Avia, así como infinidad de regatos y riachuelos que van a desembocar en alguno de ellos.

Mapa del Ribeiro


El Ribeiro como tal, como zona vinícola, está formado por los ayuntamientos de Ribadavia (la capital), Cenlle, Leiro, Beade, Carballeda de Avia, Castrelo de Miño, A Arnoia, Cortegada, y Punxín; por las parroquias de Albarellos, Cameixa, Laxas, Moldes y Pazos de Arenteiro en Boborás; Cabanelas y Banga en Carballiño; O Varón y San Fiz en San Amaro; Untes y Santa Cruz en el ayuntamiento de Orense, y Alongos, Feá y Puga, en Toén. Espero no haberme dejado ninguno atrás.


Una vista panorámica de la comarca desde uno de sus puntos más altos, Pena Corneira (Leiro)



Este territorio lleva siendo productora de vino desde hace, documentalmente, mínimo 1100 años. Voy a exponerles ahora la historia del vino en el mundo, y más particularmente en el Ribeiro.

La primera vasija de vino


Los primeros datos que se tienen sobre el vino en la historia de la humanidad son hace unos 10.000 años en lo que hoy en día es Irán y Georgia, en la zona que se llama los montes Zagros. Allí, donde ya existían las plantas de la vid (Vitis vinifera), se hacía al principio simple mosto, pisaban las uvas y tomaban el zumo directamente. No se sabe si por error o voluntariamente, guardando el vino en ánforas cerradas fermentó, y al probarlo descubrieron que “les alegraba”. Empezaron a repetir la técnica y a producirlo a gran escala.


Tablillas mesopotámicas



Lo extendieron hacia la India y China por un lado, y hacia Egipto por el otro, donde lo empezaron a producir en el delta del Nilo. De ahí pasó a Grecia, y de allí a Sicilia, Italia peninsular o Francia. A España no se sabe si lo trajeron los Griegos o los Fenicios, pero según se dice, el primer sitio donde se plantó la vid de España fue la zona de Cádiz.


La vendimia en los jeroglíficos 


Estrabón 


La llegada de los romanos impulsó aún más el cultivo de las viñas, y en su avance llegaron a la Gallaecia: así fue como, por ejemplo, el geógrafo Estrabón, coetáneo de Augusto, que vivió el cambio de era poco después de la conquista Romana, hablaba del Río Miño, diciendo que “al rio le llamaban Bainis o Baenis, o transcrito por Minios, al que hay que contarlos entre los más caudalosos de la costa occidental”. 


Samuel Eiján, insigne escritor del Ribeiro, explicaba que estos términos, en el idioma de los celtas, que tanto poblaron nuestra tierra, significaba ni más ni menos que río. Esto viene de la forma Abhainn, de la que aparentemente, también podría venir Avia, como río: véase la similitud con Afon en Gales o Aven en la Bretaña, ambos lugares poblados por los celtas. El nombre Romano de Ribadavia sería Abobriga. Como pueden ver y antes les decía, el agua y los ríos tenían un valor importantísimo en nuestra geografía.


Padre Samuel Eiján

Como los romanos hacían tantos trabajos etnográficos, también en nuestra tierra hablaba al respecto el propio Estrabón, resumiendo que los pueblos de la Gallaecia, aunque a la usanza celta tomaban más cerveza, también bebían el vino, sobre todo en las celebraciones. Podría ser importado, pero también es posible que ya se cultivase en nuestra fantástica tierra. Según se decía, en épocas antiguas estaba más bien poblada por olivos.


Llegó nuestra era, llegó Jesucristo. Y es que con el cristianismo fue cuando más importancia tomó el vino. Si bien la biblia ya nombra que Noé plantó una viña al salir del arca, y hay a lo largo de la biblia cientos de referencias a viñas y vino, fue la Última cena la que le dio al vino su verdadera importancia. El vino se convertía en la Sangre de Cristo, en lo más importante, junto con el pan, para los cristianos. Así que, con el anuncio de la palabra de Dios, comenzaría a viajar el vino para convertirlo en sangre de Cristo.

El santo Grial de Valencia


Y en la Edad Media serían los Monasterios, en particular los de la Orden de San Benito, los que irían llevando el cultivo de la vid por el mundo. Y fueron precisamente los benedictinos los que en el siglo VI, según la tradición, fundaron el Monasterio de San Clodio del Ribeiro del Avia, cuyo primer documento fue en el año 928, en la que los condes Álvaro y Sabita donaban al monasterio varías viñas “it sunt Gomariz, et Osamo (...) per ubi nos illam obtinuimus, et VINEA in villare Goderici que plantavit Juliano”, uno de los primeros documentos que habla sobre el vino del Ribeiro. Si quieren saber más sobre el monasterio, y su divina reliquia De la Cruz de Cristo, miren en la etiqueta Ribeiro.


Fachada de San Clodio


De ahí en adelante, empezaron a aparecer decenas de documentos sobre viñas de foros en diversos pueblos poco a poco, y con ellos el esplendor del Ribeiro iba aumentando. El monasterio de San Clodio o el de Oseira, la otra madre del Vino del Ribeiro, fueron testigos de la riqueza que el vino iba empezando a aportar a nuestra tierra, con la grandeza de sus lugares.


Monasterio de Oseira


Al poco tiempo, llegó el Románico a Europa, y a Ribadavia el esplendor. En el año 1065, con el reparto de los territorios del Rey Fernando I de Castilla, Galicia quedo para su hijo Don García, quien estableció su capital y corte en Ribadavia. Esto supuso una época de esplendor para nuestros vinos, que se empezaban por fin a comerciar, pero aún a pequeña escala nacional. 


Claustro de San Martín Pinario


Imaginen qué tan grande fue la fama que cogió el Ribeiro, que no hubo monasterio en Galicia que no tuviese su parte en en nuestro país: San Martín Pinario de Santiago, San Clodio, Oseira, Sobrado dos Monxes... de modo que fueron tomando jurisdicción sobre los pueblos, y llevando los vinos y su fama por Galicia adelante.


Ponte da Cruz, Pazos de Arenteiro


De esta época románica podemos destacar:

Las propias iglesias de San Juan y de Santiago de Ribadavia, así como el convento de San Francisco y buena parte de la ciudad. 

También, como arte civil, destacaré el impresionante Ponte da Cruz, en Pazos de Arenteiro, o la casa rectoral de San Lorenzo da Pena, destruida desde hace poco tiempo por el descuido de la gente y las autoridades....


Las iglesia de San Martín de Cameixa y San Mamed de Moldes, en Boborás, que pese a sus reformas posteriores aún conserva mucho de la época.

San Martín de Cameixa


San Mamede de Moldes


La iglesia de Santa Mariña de Esposende (que como anécdota, viene su advocación de la donadora del pueblo a San Clodio a finales del siglo XI, que se llamaba de nombre Marina Moniz), con bellos detalles románicos; la de Santa Maria de Razamonde, con un santo Cristo románico y varios detalles más como la puerta lateral, ambas en Cenlle.


Graciosas esculturas musicales románicas en Santa Marina de Esposende

Hermosa puerta en la parroquial de Razamonde


La iglesia de Serantes o la de Lamas, en Leiro, con el cercano castillo, hoy destruido, de Pena Corneira


San Tomé de Serantes, con su Roseta gótica


La iglesia de Lamas




Estas son las que quedarían en pie, pero la mayoría de las iglesias del Ribeiro tienen su origen y fundación en esta época (las hay anteriores, como san Xes de Francelos, casi completa prerrománica, o vestigios antiguos como la de Santiago de Trasariz, cuya pila bautismal es un ara Romana dedicada a Júpiter, conocida en esa época por villa Trasarici o Villa de Trasarico, cuyo hijo Reparato donó al abad San Rosendo).


San Xes de Francelos

Santiago de Trasariz, sobre todo del siglo XVIII pero con la pila Romana.


Pasarían los años, y Ribadavia seguiría con su esplendor. Le fue otorgado el fuero como ciudad libre por el buen Rey Fernando II, convirtiendo a Rippa Aviae en villa real, ganando mucho prestigio y privilegios, siendo confirmados sus fueros por los Reyes siguientes. Esto sería así, durando la gloria románica, hasta la década de 1370, de infausto recuerdo para Ribadavia: fue ese el momento en que Enrique II, el fratricida, otorgó el señorío de Ribadavia a Don Pedro Ruiz Sarmiento, padre de la casa condal, perdiendo así Ribadavia su estatus de villa real, pasando a depender de la jurisdicción de este conde castellano.


Fernando II


Pero como no hay mal que por bien no venga, a Enrique II se le alzó su sobrina Constanza, hija de Pedro el Cruel, o el justiciero según se mire, su hermano asesinado por él, con la fuerza de su marido, el príncipe Inglés Juan de Gante, duque de Lancaster. Cuando este, acabando el siglo XIV, invadió España, lo hizo por Galicia, conquistando también la famosa Ribadavia.


Juan de Gante


Tal fue el impacto que dejó nuestro vino en los ingleses que se quedaron enamorados de él. Ese fue el principio de una duradera y simbiótica relación comercial entre el Ribeiro y las islas británicas, que sostuvieron el avance económico de nuestra tierra en las siguientes épocas. Sería la época en la que llegaría al Ribeiro el testimonial gótico, con la Iglesia de Santo Domingo de Ribadavia, o el Castillo de los Condes Sarmiento, o los primeros pazos que se fueron construyendo en esa época, pero ese no sería aún el mejor momento de nuestra tierra.


Castillo de Ribadavia


Y es que sería con la monarquía Católica, con los Reyes Católicos, cuando nuestro vino marcó un hito histórico en el mundo: fue el que Cristóbal Colón llevó en su primer viaje en las carabelas a América. Piénsenlo, es un verdadero orgullo que fuera nuestro vino el primero en arribar al nuevo mundo.


Detalle de Santo Domingo de Ribadavia 


El siglo XVI sería la puesta de largo de nuestro vino en toda la monarquía y en todo el mundo: en el año 1579, las ordenanzas del vino de Ribadavia determinaron en que zonas se podía plantar el vino “del Rivero” y en cuáles no: y es por eso que tenemos la honra de ser la primera denominación de origen vitivinícola reconocida de España, los decanos de la viticultura en toda la monarquía. 


Ordenanzas de Ribadavia


El esplendor de la época se ve reflejado nada más y nada menos que en los escritos del gran Miguel de Cervantes, en una de sus novelas ejemplares, El licenciado Vidriera, menciona como muy bueno el vino de Ribadavia, que por cierto, en aquella época era uno de los vinos que más caro se vendían, mucho más que los del sur o los franceses, demostrando así su calidad.


Prueba de esto es una gran parte del arte ribeirano sea Renacentista: fue la época de esplendor de los Pazos, en la que los antiguos escuderos e infanzones, hidalgos probados, obtenían foros de viñas de los monasterios, que les hacían ganar gran fortuna, ya con las cosechas, ya aforándolas ellos. Esto les valía para construir grandes casas, los llamados Pazos, símbolo de la hidalguía gallega que tan bien recogerían Otero Pedrayo o Pardo-Bazán, entre otros. Están de esta época pazos como La Casa Grande de Lentille, el Pazo de Saa, el Pazo de Cervela en Pazos de Arenteiro, el pazo de Toubes en Osmo, el pazo da Touza, en San Fiz de Navío, la casa de los Pardo o de los Ulloa en Esposende, y muchísimos más cuya enumeración se nos haría complicada.


Casa de los Ulloa

Casa Grande de Lentille, la fachada del XVIII con las más antiguas (del XVI) de lado y por atrás 

Santa Maria de Beade


Son así mismo joyas renacentistas eclesiásticas, como las reformas de San Clodio, la extraordinaria Iglesia de Santa Maria de Beade con su Calvario (este del XVIII), sobre una base anterior, con las impresionantes tumbas de caballeros góticos; la elegante fachada principal de San Lorenzo da Pena, que vemos en la foto, y aunque no se alcance a ver por quedar muy arriba, está presidido por el medieval San Lorenzo de piedra (cuya advocación parece venir de la fundación de san Clodio, donde entre otros muchos santos, se consagra a San Lorenzo Arcediano), con su legendario cruceiro en la carretera de Lentille, que veíamos en la foto de portada; o el ábside y portada de San Salvador de Pazos de Arenteiro.





Fue el desastre de la “Armada Invencible” con el fin del comercio inglés, y la competencia desleal de los vinos de Oporto con la guerra de Independencia portuguesa, sumado a las continuas idas y venidas de los soldados por nuestra tierra, las que llevaron a que en el siglo XVII nuestra tierra se quedase algo paralizada en cuestión histórica. Tristes años para el Ribeiro.
Pazo de Rioboo 


Pero fue la llegada de la monarquía borbónica con unos años de paz y buenas cosechas las que hicieron que nuestra tierra se recuperase en el siglo XVIII, época de la que datan la mayor parte de nuestras obras, ya civiles, ya religiosas, en el estilo conocido como “Barroco Compostelano”. Las reformas finales de los pazos, cuya obra maestra es el pazo de Rioboo, Osmo, de Don Juan Antonio de Prado y Ulloa, con su mujer doña Antonia de Araujo y Osorio, la que con sus capilla barroca propia, sus muros y escudo, su interior descomunal, pondrían broche de oro a la arquitectura pacega ribeirana.


Iglesia de San Andrés de Camporredondo

Eclesiásticamente, tenemos grandes obras de arte de esta época: casi todas las iglesias románicas que había fueron restauradas en esta época, con las clásicas espadañas e imágenes que abundan en nuestra tierra: quiero destacar la Iglesia de San Andrés de Camporredondo, con su espectacular torre campanario y su palacio rectoral; el santuario de Nuestra Señora de Areas, entre Esposende y Lentille; la iglesia de San Miguel de Carballeda de Avia; o la Iglesia de San Paio, en Ribadavia.

Iglesia de Carballeda de Avia


Tras el esplendor dieciochesco llegaría un siglo XIX simplemente definible como azaroso: empezó con la Guerra de la Independencia, en la que los groserisimos franceses arrasaron nuestros campos, quemaron nuestros libros parroquiales y robaron nuestras iglesias, casas y palacios, con un pillaje nunca visto en nuestra tierra desde la época del duque de Lancaster, que esteal menos nos benefició con el vino. Nada, salvo destrucción, fue lo que trajo Napoleón a nuestra tierra.

Capilla de Nª Sra. de la Aurora de Areas


Tras esta época, la única obra reseñable es la bella cúpula de San Miguel de Albarellos, datada en 1819, al amparo de la orden de Malta.

San Miguel de Albarellos, con su impresionante cúpula dominando el valle del Avia 


Pero sería poco después cuando llegó el ocaso de nuestro arte, lo peor que pudo pasar: el fin de los mayorazgos y la desamortización. Sobre todo lo último, aunque el fin de los mayorazgos y la desvinculación de la Tierra llevaron a la venta de la tierra de los antiguos señores feudales a los nuevos señoritos de la capital, poco preocupados por lo que no fuera la renta que le pagarán sus foreros. 

Mendizábal, el ministro desamortizador 


La desamortización dejó desiertos los Monasterios, vendiéndolos a trozos, ya sus piezas de arte, ya sus tierras. Una época terrible para nuestra comarca, que concluyó en lo peor que le pasó nunca al Ribeiro: las plagas de las cepas, en los años 70, 80 y 90 del XIX.

Filoxera


La filoxera y el mildew, dos enfermedades de las viñas, mataron muchas de las antiguas cepas, acabando con varias castes de uvas que van siendo poco a poco recuperadas.

Barco gallego en Vigo con destino a América


Esta catástrofe vitivinícola llevó a miles de nuestros paisanos y ancestros en esos finales del siglo XIX a tomar la amarga calle de la emigración, que en un principio fue hacia La Habana o la Argentina. Esta segunda ola (la primera había sido a finales del siglo XVI-XVII), llevó a una primera despoblación y pobreza al Ribeiro. Muchas viñas antiguas se vieron convertidas en tojales y maizales, sobre todo hasta el final de la monarquía Alfonsina. Destaco en esta época solo la Vera Cruz del cercano Carballiño.

Templo De la Vera Cruz


Fue la Segunda República la que sancionaría en 1932 el “Estatuto del Vino”, declarando las 19 primeras denominaciones de Origen de España. Entre ellas, había una gallega: El Rivero. Verdadero orgullo y algarabía fue lo que trajo este estatuto a la tierra. Fue en esta época en la que nuestra tierra fue replantada por las cepas de Jerez y Alicante, más productivas pero de menos calidad, plantaciones que se extendieron a la república, la guerra y la inmediata postguerra, gracias a la escasa afectación del conflicto en Galicia y la buena cosecha del primer año de la postguerra, frente a los campos quemados del resto de España.

Estatuto del Vino donde, entre las otras grandes DDOO de España, está el “Rivero”


Simplemente la pobreza de la postguerra acabó con este incipiente desarrollo, pues forzó a nuestros abuelos a una nueva ola de emigración, esta vez a Venezuela, Panamá o México en los 40-50, y a Alemania, Francia y Suiza, sin olvidarnos de las Américas, en los 60-70 con el aperturismo de Franco. En esta época, puedo destacar, simplemente, las construcciones de las nuevas iglesias de Laias o Barbantes, que recuperaron su esplendor con el balneario.

Sello Consejo Regulador


Desde la Transición hasta aquí, el despoblamiento rural se va haciendo cada vez más evidente, y pese a los esfuerzos de las autoridades y el Consejo Regulador, que han conseguido mitigar esta tendencia, cada vez más viñas se han abandonado. Sin embargo, ha habido un estilo de institución que ha mantenido a flote de buena manera muchos viticultores que hallaron allí un amparo: las cooperativas. Ellas le daban, y dan, seguridad al criador, pues ya sabían que iban a tener cliente si o si, (piensen que muchas veces vender el vino era el verdadero problema de la situación). Precisamente una de estas cooperativas, si no la principal, Viña Costeira, ha ganado en 2018, su 50 aniversario, el premio a la mejor bodega de España.

Viña Costeira


Hoy, el vino se ha vuelto a poner de moda entre las clases más altas, con un vino de mayor calidad, al que el Ribeiro actual se ha sabido adaptar, recuperando las viejas castes de uva, tan dañadas a finales del XIX-principios del XX por las nuevas clases americanas, a la par que con la modernización de los métodos de trabajo de la viña, y una aparente tendencia a la vuelta al rural, especialmente en este último año.

Espero que les haya gustado, y haberles convencido para venir al Ribeiro a admirar el vino y el arte. Ya saben que, si les ha gustado, pueden suscribirse al blog para ver nuevas entradas y, además, seguirme en instagram @historiasporlahistoria siguiendo este enlace: https://www.instagram.com/p/CaN4_Q3DMjT/?utm_medium=copy_link


Además de reservarme todos los derechos del texto, reconozco a los dueños de aquellas fotos que no son mías su propiedad.

Santiago Ogando Pérez.







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