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El que fue a Sevilla, perdió su silla





El origen de la famosa frase “El que fue a Sevilla, perdió su silla” está en el siglo XV, en Galicia. Y más particularmente, en la familia de los obispos compostelanos Fonseca, viendo en la imagen de arriba a Alonso III de Fonseca, uno de los fundadores de la universidad


Nuestro protagonista, Alonso II, era el padre de Alonso de Fonseca y Ulloa


Una época en el que, además del poder espiritual, también el terrenal estaba, en una parte importante, dirigido por el clero. Y si lo piensan, ¡qué religioso podía tener más poder que el Arzobispo de Santiago de Compostela, uno de los centros de la cristiandad universal. Pero no era oro todo lo que relucía. 


El Claustro del Pazo de Fonseca


El que prefiera, puede leer solo el resumen en mi instagram pinchando en este enlace: https://www.instagram.com/p/CUh5iOFNZ0i/?utm_medium=copy_link


La Catedral de Santiago 


A finales del siglo XV, ocupaba la sede compostelana Don Alonso de Fonseca y Acebedo, más conocido por D. Alonso II de Fonseca. 


En aquel momento, Galicia vivía una situación muy agitada. Las revueltas Irmandiñas sacudían la estructura social gallega, con los hidalgos, campesinos y clérigos pequeños y medianos luchando contra las clases dirigentes (la alta nobleza, mucha de origen castellano, y los obispos), al estilo de la Jacquerie francesa o de los Payeses de la Remensa catalanes. 


Las Revueltas Irmandiñas


Llegaron hasta a echar abajo la mayoría de los castillos de Galicia, teniendo hasta que reconstruir varios al perder. Particularmente en Santiago, el conde de Altamira, un rico señor gallego, planeaba también su sombra sobre Compostela. Por una serie de sucesos familiares y políticos, hasta fue encarcelado dos años el propio Arzobispo Fonseca. Los problemas se le acumulaban.


Escudo de los Condes de Altamira


A la vista de tanta tribulación, le pidió a su tío, Don Alonso I de Fonseca, obispo de Sevilla, que viniera a ayudarle, y se intercambiaron las diócesis durante 5 años, pues su tío, más veterano que su sobrino compostelano, podía resolver mejor los muchos problemas del sobrino.


Alonso I de Fonseca, el tío 


Así fue, y en ese tiempo, el tío pacificó Santiago. Sin embargo, el sobrino, a la vista de que la sede hispalense era más tranquila que la compostelana, quiso quedarse en Sevilla. Tuvo que venir el propio valido del entonces rey de Castilla, Enrique IV (hermano de la Reina Católica), Don Beltrán de la Cueva, a resolverlo, devolviendo a cada uno su respectiva catedral.


Don Beltrán de la Cueva


Y así fue como Don Alonso II volvería a Santiago, siendo en realidad la frase “El que se fue de Sevilla, perdió su silla”, pues fue el de Santiago el que no quería devolver a su tío el sevillano la silla (piensen que, igual que el catedrático lo es por sentar cátedra, también el obispo tiene la catedral por sentar su cátedra, o sea, su silla, su tarima).


La silla episcopal compostelana, a la derecha de la imagen


Don Alonso II (el sobrino) se mantendría muchos años en Santiago, y le transmitiría su sede a su hijo (algo común en la época), Don Alonso de Fonseca y Ulloa, Alonso III, uno de los fundadores de la Universidad de Santiago de Compostela, con su famoso Palacio de Fonseca, sede actual del rectorado de la universidad, vecino inmediato de la Catedral de  Santiago.


Si ven el escudo de la USC, verán que tiene, cuartelado, Castilla y León en primero y segundo, el árbol de Lope Gómez de Marzoa (fundador civil) y el de Fonseca en el tercero y el cuarto, teniendo en el centro el escudo gallego


Este bonito edificio forma la fachada sur de la Praza do Obradoiro, y además del rectorado, es una de las Bibliotecas centrales de la USC. Allí residía antiguamente, hasta los años 20, también la facultad de medicina (de donde se fueron los estudiantes, creando la famosa canción de tuna “Triste y sola, sola se queda Fonseca”).


El Pazo de Fonseca desde el Obradoiro 

Esto recordaba yo hace pocos días, saliendo de la biblioteca, mientras paseaba por el bello claustro del palacio, o pazo como le llamamos en Galicia, de Fonseca, viendo la estatua de Alonso III de Fonseca sentado en su silla, mientras le contaba la historia a unos amigos, pensando cómo un caso por el estilo hace 5 siglos, puede quedar tan arraigado en la cultura popular.


Panorámica del Obradoiro


Ya saben que me reservo los derechos del texto y de las imágenes número 3 y número 4, pero no así del resto de las imágenes, ajenos a mí, cuya propiedad reconozco a sus respectivos dueños.


Si les ha gustado, pueden suscribirse al blog o seguirme en instagram en este enlace: https://www.instagram.com/p/CUh5iOFNZ0i/?utm_medium=copy_link


Santiago Ogando Pérez.

Comentarios

  1. Estoy encantada con sus relatos , los espero impaciente..Gracias

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  2. En Perú se dice el que fue a barranco pierde su banco 🤣

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