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La Batalla de Guadalete, o el final de los Visigodos.



Esta tercera semana de julio, se cumplen 1311 años de la Batalla de Guadalete, aquella lucha en la que el último rey Godo, Don Rodrigo, fue derrotado por el musulmán Tarik ibn Ziyad, dando inicio a la invasión árabe a la Península y poniendo fin al Reino Visigodo de Toledo.


La batalla en las fuentes árabes 


Generaciones y generaciones de españoles han tenido que estudiar la Lista de los Reyes Godos y que los reinos Cristianos le reconquistaron al-Andalus a los moros, pero no todos saben que fue exactamente lo que pasó en esa época. Así  pues, hoy les hablaré del final del Reino Visigodo de Toledo, de la conquista sarracena y, si me lo permiten, de la leyenda detrás de Don Rodrigo, el último rey godo.





El que prefiera, puede ver directamente el resumen gráfico en mi Instagram @historiasporlahistoria siguiendo este enlace: https://www.instagram.com/p/CRgiZKCr3Bs/?utm_medium=copy_link


Pasemos, pues, a la historia.


Las primeras invasiones bárbaras a la Hispania Romana


Tras 8 siglos en la esfera de Roma, los bárbaros habían llegado desde la Galia a Hispania para quedarse un tiempo. Primero los Suevos, los vándalos y los Alanos. Los dos segundos estuvieron, motivados por las circunstancias, más “de paso”, pero los Suevos se quedarían en lo que fue un día la provincia de Gallaecia. 


Saqueo de Roma por los Visigodos de Alarico


Poco después, llegaron los Visigodos. Venían de saquear Roma, orgullosos. No eran muchos, pues comparados con la población hispanorromana, eran muy pocos. Venían de Ucrania, ni más ni menos. Habían llegado aquí después de haber vagado por media Europa, y en una glaciación del Danubio, pudieron pasar al sur.


Arrio, Patriarca fundador de la Herejía Arriana


En Grecia, dejaron sus religiones paganas y se convirtieron al cristianismo: pero no al Romano, si se le quiere llamar así, sino al Arriano: la diferencia era sutil, pero digna de concilios y guerras: no creían en la divinidad de Cristo (no dirían, por ejemplo, la clásica “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, sino “en el nombre del Padre, con el hijo en el Espíritu Santo”). 


El Rey Leovigildo y su hijo, San Hermenegildo Mártir


Esto traería, durante su reino en España, graves disputas. Incluso entre padre e hijo, en la que el padre, el rey Leovigildo, arriano, acabaría matando a su hijo y heredero, San Hermenegildo, “católico”, en una cuestión donde se mezclaban la Fe y la ambición, para que después su medio hermano Recaredo se convirtiera con toda su corte al catolicismo pocos años después en el Tercer Concilio de Toledo.


III Concilio de Toledo


Como se ve, era una época de intrigas y rivalidades. La monarquía aún no era hereditaria, sino electiva, pese a que a veces si que pasara de padres a hijos. Se creó el Fuero juzgo en la época de Recesvinto, obra madre de las Partidas, donde se recogían las leyes y costumbres del reino. 


La tonsura del Rey Wamba


Cuando las situaciones y problemas eran importantes, se decidían en concilios. Allí había grandes discusiones y disputas, e incluso un rey, Wamba, fue desposeído del trono por un complot en el que le tonsuraron (“raparon”) la cabeza y no pudo seguir reinando por culpa de las leyes Godas.




Pocos años después, reinaba en Toledo un rey de nombre Witiza. Sucedió que este rey murió en el año 710. El duque de la Bética, actual Andalucía, llamado Don Rodrigo, se levantó para impedir que su hijo,  Agila II, le sucediera. Y tuvo éxito, así que fue coronado rey. El problema residió en que los partidarios del hijo de Witiza decidieron pedir ayuda a sus vecinos del norte de Africa. Los sarracenos.


Roderico, o don Rodrigo


Estos, que ya habían llegado hasta el estrecho en los años anteriores, estaban poniendo sus ojos ya en España, y esta fue lo que lo precipitó. Con la ayuda del conde de Ceuta, Don Julian, hicieron un primer intento, que fue rechazado. El segundo intento, al mando de Tárik ibn Ziyad, y logró su objetivo.


El caudillo Tarik


En la orilla del Río Guadalete se presentó el rey godo, Don Rodrigo, con su ejército (aunque dos semanas después, pues estaba luchando también contra los Vascones al norte. Aunque lucharon con audacia, y en principio iban ganando, cuenta la tradición que el cambio de bando de un obispo, don Oppas puso la victoria del lado de los árabes. Don Rodrigo moriría poco después según la tradición.  Agila  II opuso cierta resistencia en la cartaginense, pero fue pronto vencido. 


La batalla habría cambiado de sino por la traicion del Obispo don Oppas


Contaba nuestro romancero una historia más poética: según la leyenda, Don Rodrigo habría sido un mujeriego, y en una ocasión, se encontró a unas mujeres bañándose en el río. Entre ellas, parece ser que estaba Florinda, llamada la Cava, la hija del Conde don Julián. Don Rodrigo la forzó, y eso hizo montar en cólera al conde, por lo que llamó a los mahometanos para que invadieran el reino. Decía:


El rapto de Florinda, la Cava


De la pérdida de España

Fue aquí funesto principio

Una mujer sin ventura

Un hombre de amor rendido

Florinda perdió su flor 

El rey padeció castigo

Ella dice que hubo fuerza

El que gustó consentido

Si dicen quien de los dos

La mayor culpa ha tenido

Digan los hombres: La Cava

Y las mujeres Rodrigo.



Don Rodrigo y la Cava



Sin duda, el reino visigodo ha sido mil veces recordado después de aquello, con lógica nostalgia, por los cristianos. Tuvo sus cosas buenas, como a San Isidoro, un ilustre sabio, autor de Las Etimologías, continentes de todo el saber de su época; pero fue un reino invertebrado, bañado en una constante lucha entre familias nobles que se mataban para poner en el trono a su familiar, para luego matarse entre sí si era necesario. Trajeron el fuero juzgo, madre de la legislación española, pero ¿se podría acaso decir que fueron los padres de España?



San Isidoro de Sevilla


Fueron pocos, pero sin duda, dejaron una fuerte impronta en nuestro imaginario popular. Decir “vengo de los godos” era signo de alcurnia, de pedigrí. Ya nadie quería venir de la cultura de Roma, lo bárbaro se convirtió en lo bueno, símbolo de poder y maravilla. Eso fue, en fin, la Hispania Visigoda: una época que quedó marcada en el imaginario popular como “aquello que los moros nos robaron” pero que, como han podido ver, está lejos de lo que hoy llamamos España.


La genealogía de los Reyes Godos


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Santiago Ogando Pérez.








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